Final Fantasy VII: redescubriendo un clásico

Mi primer acercamiento a Final Fantasy fue a través de la emulación de Super Nintendo cuando era un puberto de secundaria. No podía creer que podía jugar juegos en mi computadora de manera gratuita… y tal vez no tan legal. Busqué listas de los mejores títulos para la consola y me eché en muy poco tiempo el FFIV, FFV (fan translation) y el excelente FFVI. A mis 12 años quedé más que impresionado; junto con Chrono Trigger, estas eran verdaderas novelas de fantasía interactivas como no había visto antes.

En esa época había algo que me provocaba demasiada curiosidad: las discusiones en foros siempre mencionaban la séptima entrega, de 1997, como la mejor de todas. Como no tenía Playstation (yo era chico N64), tuve que recurrir de nuevo a la emulación y a un bondadoso amigo que me prestó los discos para poder jugar por fin FFVII. Efectivamente, este era el videojuego más ambicioso que había visto hasta ese entonces, por encima de Ocarina of Time o los otros RPGs de Square. Estaba maravillado; era una aventura épica que mezclaba fantasía y ciencia ficción (algo nuevo para la serie), personajes entrañables con personalidades complejas (los más importantes al menos), un soundtrack espectacular y un gameplay sumamente adictivo y personalizable.

Más de 23 años después de su lanzamiento y con un gran legado detrás de él—no por nada aparece Cloud en Smash Bros.—, hay que preguntarse, ¿qué tan bueno es realmente Final fantasy VII hoy en día? ¿El hype es real o solamente era un producto bueno para su tiempo? Acabo de terminarlo en Switch y puedo confirmar que sigue siendo una obra maestra, aunque su exterior anticuado no lo aparente. El juego comienza con un breve vistazo panorámico a la enorme ciudad de Midgar y un tease de Aeris (antes de usar la traducción correcta Aerith), para luego entrar de lleno a la acción con Cloud, Barret y los demás del grupo AVALANCHE en su misión de destruir el reactor de energía Mako. Esta introducción es ya tan icónica que fue replicada como demo de las gráficas del PS3 y aparece una versión similar en la precuela Crisis Core y finalmente de nuevo, obviamente, en el Remake.

1997 VS 2020. Cómo han cambiado los tiempos.

Dicen que de la vista nace el amor, así que hoy en día sería muy difícil que alguien se enamorara de estos humildes polígonos, los cuales no han envejecido tan elegantemente. Las versiones overworld de los personajes y la mayoría de los minijuegos se ven pésimos. Los escenarios pre-rendereados siguen siendo buenos en mi opinión, sin embargo los ports a nuevas consolas no han actualizado la resolución de estos (probablemente Square no conservó los archivos originales), así que se ven muy borrosos y contrastan terriblemente con los modelos, los cuales sí son HD aunque tengan pocos polígonos y texturas pobres. El resultado es una gran inconsistencia; los juegos de SNES son más agradables visualmente precisamente porque no tienen este problema.

A pesar de todo, después del shock inicial y recordando que este es un producto de 1997 en una de las primeras consolas con gráficos 3D, no puedo juzgarlo severamente por este aspecto. La imaginación y ambición, incluso comparado con videojuegos actuales, sobrepasan cualquier limitante visual. Incluso los monitos pequeños son tan abstractos que juegan a favor de la experiencia. Hoy en día, como en el caso del Remake, los gráficos pueden ser tan realistas, con personajes con voice acting y/o motion capture, que evocan más bien ver una película que leer una novela. Si alguna voz no es de tu agrado o hay algún momento extremadamente cringe, tu experiencia puede verse afectada negativamente. Jugar un RPG antiguo, donde tu avatar es híper-simple y los diálogos son leídos, requiere un uso activo de tu imaginación; algunas partes de la historia son tan ridículos que de manera realista no funcionarían tan bien.

Scott McCloud explica cómo la simplificación puede beneficiar la transmición de un mensaje

La trama de FFVII es un desmadre, pero uno divertido. Honestamente no recordaba que había tantos eventos, algunos sumamente disparatados: ataques terroristas por parte de ambientalistas, corporaciones malvadas que quieren acabar con los recursos del planeta sin importarle la humanidad, prostíbulos con trata de personas, una violación sugerida hacia Cloud (eran los 90 y esto se consideraba gracioso), experimentos científicos de clonación de seres extraterrestres, la inminente destrucción del planeta por un meteorito, la trágica muerte irreversible de un personaje principal (ya tan spoileado que es de cultura general), amensia y PTSD, un triángulo amoroso que genera debate aún hoy en día, un viaje al espacio y hasta un duelo a cachetadas estilo telenovela. Esto es parte de la ambición que he mencionado, el alcance de la aventura es enorme, tanto así que el Remake solo abarca alrededor del 15% de la historia del juego original.

Los personajes de cualquier Final Fantasy son uno de los grandes atractivos de cualquier entrega y en esta ocasión tenemos muchos que con el paso del tiempo se han vuelto icónicos, como Cloud, Sephiroth, Tifa, Aerith, Barret, Vincent, Red XIII y los Turks. Este juego marcó la primera vez que Tetsuya Nomura, antes de saltar a la fama como director de Kingdom Hearts, hiciera el diseño de personajes, aún sin consolidar su polarizante estilo de zippers, bolsillos y accesorios excesivos e innecesarios. Tal vez debido a las limitantes gráficas del momento, todos los personajes cuentan con diseños sencillos con personalidades interesantes y entretenidas (excepto la abominación de Cait Sith) que han perdurado a través del tiempo. Esta vez que volví a jugar, Tifa se convirtió en mi personaje favorito; a pesar de su pasado traumático sale adelante volviéndose más fuerte, pero sin perder su sencillez y su lado sensible. Es inolvidable el momento cuando sobrevive el intento de ejecución en Junon y es rescatada por sus amigos mientras suena la grandiosa “The Highwind Takes to the Skies” de fondo.

#Queen (y waifu de muchos)

Todos los soundtracks de la era dorada de Final Fantasy (IV al X) son excelentes, pero FFVII marca el comienzo de una mayor libertad creativa para Nobuo Ueamatsu, gracias a la mayor capacidad de memoria y el chip de sonido más avanzado del PSX. Aun así, este genio de la música optó por utilizar MIDI y crear un panorama sonoro distintivamente de videojuego, poniendo énfasis en las melodías de las canciones. “One Winged Angel” sobresale por utilizar voces digitalizades de un coro, contribuyendo a una memorable y épica batalla final.

El tema principal de batalla cumple su cometido, sin embargo después de escucharlo un millón de veces sí es cansado. En cambio, el rock progresivo del tema de los jefes “Still More Fighting” (también llamada a veces “Fight On!” o “Those Who Fight Further”) es perfectamente emocionante y pegajoso; a veces escojo el escenario de Midgar en el Smash para poder escucharla de nuevo. “J-E-N-O-V-A” y “The Birth of a God” también son temas de batalla perfectos que tristemente escuchamos pocas ocasiones (la segunda solo una vez).

“On that Day, Five Years Ago” es melancolía hecha música, recreando el sentimiento de Cloud sobre su memoria distante, difusa, confusa y triste. “Cosmo Canyon” y “Wutai” añaden un toque exótico al soundtrack, dotando de personalidad sus respectivas locaciones. Otro stand out es “Underneath the Rotting Pizza”, una delicia amenazantemente chill. Todo el soundtrack está en Spotify así que nadie tiene excusa para no conocerlo.

El tema principal, con orquesta en vivo, también es una joya.

Ya he hablado de la parte audiovisual y la presentación, ¿pero qué tal está el gameplay? Siguiendo la misma línea de los juegos pasados, hay cuatro maneras principales de interactuar con el mundo: el overworld, donde recorres los escenarios para hablar con gente, obtener información y comprar y administrar recursos; el mapa, donde te trasladas de un lugar a otro a través de distintos medios; las peleas a base a turnos; y los terribles minijuegos. Estos modos son simplemente una actualización de lo que ya existía en juegos pasados, pero un aspecto único de FFVII y es el sistema de Materia, el cual es particular a esta entrega y es una evolución de los limitados Espers del juego pasado.

Usar Materia permite a cada personaje utilizar estas esferas de energía para distintos fines como: equipar magia, agregar nuevos comandos de acción o añadir distintos efectos pasivos. Teóricamente puedes crear infinitas combinaciones y distintos builds para tu party, dándole mucho replay value al juego. Cada personaje cuenta con sus propios stats, limit breaks y armas personales, por lo que no son completamente homogéneos. Con suficiente cuidado puedes terminar muy overpowered, aunque también puedes limitarte para añadir mayor dificultad. El sistema puede llegar a ser muy adictivo, cambiar la Materia de un arma a otra y de personaje a personaje para crear nuevas estrategias involucra planear cuidadosamente, y es muy satisfactorio cuando tu combinación resulta tan poderosa como esperabas.

Si hay un aspecto que no me agrada del todo son los minijuegos, algunos de los cuales son extremadamente frustrantes. ¡Te odio, Golden Saucer! Si bien hay algunos muy inspirados como la persecución en motocicleta al escapar de Midgar o la estrategia de defensa de Fort Condor, la mayoría son monótonas pérdidas de tiempo. La cantidad de estas distracciones es ridícula y en algunas ocasiones son obligatorias para avanzar; casi aviento mi control durante la sección de stealth en el edificio de Shinra. Si no fuera por algunas guías que encontré en Youtube, probablemente no hubiera terminado nunca de criar Chocobos o recorrer por completo el Great Glacier.

No, gracias.

La primera vez que juegas FFVII debería ser sin ninguna guía, a menos que estés gravemente atorado, pero en un replay no veo nada de malo en aprovechar los apoyos que ya existen para encontrar la mayor cantidad de secretos, los cuales abundan en este juego y a veces son tan crípticos que sería imposible encontrarlos sin ayuda. Los ports de consolas actuales también cuentan con unos ajustes a la velocidad del juego y a los encuentros aleatorios, así como un incremento temporal de poder (este nunca lo utilicé). Honestamente—y que me perdonen los puristas—, recomendaría a todos jugar las versiones con estas opciones, ya que agilizan bastante algunas partes monótonas, como el clásico y tedioso grinding para subir de nivel o cuando simplemente quieres explorar sin ser fastidiado por una batalla cada diez pasos. Aunque hay que tener mucho cuidado, porque abusar de estos modificadores provocó varias veces que se me congelara el juego y perdí mi avance. Así que hay que grabar obsesivamente cada que se pueda.

Como un adulto con mayor apreciación del tiempo, tener estas opciones para agilizar el juego es increíble y solamente por eso recomendaría jugar un port actualizado en lugar del original (también aplica para VII y IX). Cuando jugué FFVII por primera vez en mi adolescencia recuerdo haber acumulados más de 60 horas de juego. En esta ocasión hice alrededor de 34, obteniendo incluso secretos que no hice la primera vez. Tener más opciones de accesibilidad siempre es bueno.

En 1997 jamás hubiéramos imaginado que podríamos jugar FFVII de manera portátil en una consola de Nintendo.

Estoy seguro que algún día jugaré la primera parte del Remake; he escuchado cosas buenas, y algunas malas, de él; pero debido al alcance de ese proyecto sospecho que podría convertirse en el siguiente A Song of Ice and Fire, una épica saga ambiciosa que parece que nunca tendrá fin. Por ahora, el Final Fantasy VII original se sostiene como una obra increíblemente bien lograda (sobre todo para su tiempo) y ha cimentado su lugar en la historia de los videojuegos con justa razón. Es una experiencia mágica incomparable, con una cantidad de contenido absurda y enorme personalización en el modo de juego. Los personajes y la historia, aunque muy revuelta, son muy memorables. Algunos de sus temas resuenan incluso más fuerte hoy en día, como el del capitalismo voraz que propicia la destrucción del planeta. Si no has jugado en mucho tiempo (o nunca) Final Fantasy VII, esta temporada de encierro y ocio es perfecta para recordar uno de los más grandes juegos de todos los tiempos.

Cine y TV en cuarentena 2020 (Parte 5)

Athlete A (2020)

Ahh los atletas olímpicos, tal vez el mainstream solo los toma en cuenta cada cuatro años, pero por un corto tiempo los admiramos y nos asombramos de su talento, disciplina y fuerza excepcional… y resulta que también pueden ser víctima de abuso sexual y psicológico sistemático. Este documental de Netflix presenta el caso del United States Olympic Committee, que por más de veinte años permitió y encubrió al doctor Larry Nassar y sus prácticas deplorables hacia gimnastas menores de edad.

Además de explorar el daño psicológico que sufrieron las chicas, Athlete A nos hace preguntarnos qué tan ético es hacer pasar a los niños por entrenamientos tan duros con tal de obtener el primer lugar en algo. La búsqueda del poder y competencia extrema permiten el abuso como herramienta y las cosas pueden fácilmente escalar a situaciones como la que vemos aquí. Al menos al final hay cierta resolución satisfactoria, pero el daño ya está hecho.

¿Vale la pena? Sí, si quieres frustrarte conociendo la verdad sobre otra institución que abusa de menores.

Mignonnes(2020)

Probablemente esta sea la película más controversial del año debido a la exageradísima reacción en contra por parte de grupos conservadores en Estados Unidos, particularmente el Partido Republicano y sus aliados. Ya escribí mi opinión sobre la polémica y los temas de la película, pero resumidamente podemos decir que se trata de otro intento más de gente cristiana queriendo crear pánico social y evadir hablar críticamente sobre la sexualidad y problemas estructurales de la sociedad que afectan a las infancias, porque “qué flojera” básicamente.

Mignonnes/Cuties es una película coming of age modesta interesada en retratar un realismo social en vez de melodrama. El conflicto principal es mayormente interno/psicológico y la directora se vale del simbolismo visual para retratar el estado mental y emocional de la protagonista Amy.

La película está bien lograda en todos los sentidos, pero mayor fortaleza es la osada crítica social que presenta. El final algo abrupto y no resuelve todos los cabos sueltos por completo, casi como si quisiera que pensaras sobre los temas y realizaras un ejercicio crítico sobre lo que acabas de ver.

¿Vale la pena? Sí. La crítica social es muy efectiva y necesaria en estos tiempos. Pero si crees que algunas tomas de niñas twerkeando o expresando curiosidad sexual natural acorde a su edad es equivalente a pornografía infantil, esto no es para ti.

Relic (2020)

Una madre e hija deben ir a casa de la abuela cuando esta última ha desaparecido durante un episodio de demencia. Cuando la anciana regresa, la familia siente que algo no está bien y poco a poco una oscura presencia tomará el control del entorno. Lo que sigue es un intenso viaje emocional de una familia lidiando con una enfermedad degenerativa. Si has pasado por una situación similar, esta película pega muy duro.

Aunque el aspecto sobrenatural es muy ambiguo, el suspenso y la ambientación sí están muy bien logradas. El tercer parece una sucesor espiritual del terror psicológico de Silent Hill, con un final que es de alguna manera tan perturbador como conmovedor. Relic funciona a nivel temático-metafórico porque captura perfectamente lo emocionalmente complicado y agotador que es lidiar con la muerte inminente de un ser querido. Lo más inquietante es que tarde o temprano todos pasaremos (algunos más de una vez) por algo así en algún momento de nuestras vidas…

¿Vale la pena? Sí, si buscas algo perturbador más que de terror.

Rewind (2020)

Existe una creencia arraigada en nuestra sociedad que por default las familias son el único espacio completamente seguro para los niños. Este documental autobiográfico de Sasha Joseph Neulinger es sumamente poderoso porque desafía esta idea y nos hace repensarla. A partir de videos caseros familiares, Sasha reconstruye la dolorosa historia del abuso sexual que sufrió durante su infancia por parte de varios miembros de su propia familia.

Rewind expone cómo los depredadores sexuales existen y transitan dentro del círculo familiar aprovechándose de la confianza automática e incuestionable que adjudicamos a nuestros familiares. También revela cómo el abuso se puede convertir en un fenómeno generacional, que al no ser atendido adecuadamente puede heredarse el daño a una nueva generación. Los detalles son extremadamente escabrosos y difíciles de escuchar, pero sin ellos no podríamos comprender el gran daño que ha sufrido la familia. La fortaleza del director para hablar sobre su propia experiencia de manera tan honesta y abierta es sumamente admirable.

¿Vale la pena? Sí, porque la realidad del abuso sexual infantil es muy, muy preocupante y tenemos que romper el tabú y hablar al respecto. Urge que esta conversación ocurra más ampliamente para poder proteger a las nuevas generaciones.

Spree (2020)

Spree es una sátira de humor negro sobre la cultura de los influencers y la búsqueda de identidad y validación personal a través de las redes sociales. Es un análisis cínico que lleva su premisa hasta el extremo: ¿hasta dónde llegarían los “jóvenes de ahora” por obtener fama?. El formato visual se compone principalmente de fragmentos de videos de celular, estilo found footage, con todo y comentarios en vivo del streaming. Hace diez años esta película sería casi incomprensible y eso la hace extremadamente novedosa .

Joe Keery (conocido por Stranger Things) es totalmente creíble como un patético joven que se propone ser lo más nefasto y violento posible para ser popular en internet. Es enternecedor en un principio hasta que los cuerpos comienzan a apilarse, pero nunca deja de ser ridículamente divertido el viaje.

¿Vale la pena? Sí, si quieres ver algo gracioso y over the top.

Sputnik (2020)

En 1983 la Unión Soviética esconde gran secreto: un extraterrestre ha llegado a la Tierra dentro de uno de los astronautas de una misión espacial. La doctora Tatyana Klimova es reclutada para ayudar a encontrar la manera de controlar a la extraña creatura y su huésped. Esta original premisa ubicada en un contexto que no vemos comunmente en el cine suena muy prometedora, pero al final del día no alcanza su mayor potencial.

La mayor falla de la producción es que simplemente es muy aburrida, las actuaciones son muy monótonas (todos tienen expresión de flojera) y eso dificulta conectar con los personajes. La creatura del espacio como parásito simbiótico (un mini Venom pero sin personalidad) es novedosa pero su destino es muy anticlimático. Al final todo era simbolismo para hablar sobre lo que significa ser un héroe y cuestiones de poder durante la Guerra Fría, pero como estaba tan aburrido no quise dedicarle neuronas a pensarlo más a fondo. En las últimas escenas hay un plot twist que no aporta nada a la trama. Whatever.

¿Vale la pena? Meh. Tal vez solamente si quieres ver un thriller de ciencia ficción en otro contexto que no sea Estados Unidos.

Tell No One (2019)

A estas alturas, con tantas noticias, reportajes, documentales, investigaciones y testimonios; quien no reconozca que la Iglesia católica es una institución corrupta y criminal se está engañando a sí mismo.

Tell No One presenta el caso de Polonia, uno de los países más fervientemente católicos que existen hoy en día, donde como en tantos otros países las víctimas de abuso sexual clerical denuncian, la Iglesia finge que tomará acción y luego nada pasa; el criminal es trasladado a otra parroquia donde seguirá teniendo contacto con menores de edad.

Las imágenes y testimonios hablan por sí mismos. Lamentable, y más lamentable la gente que hace oídos sordos ante el problema.

¿Vale la pena? Tristemente sí. Mientras siga existiendo el cagadero de abuso sexual y su encubrimiento por parte de la Iglesia católica, no podemos olvidar que existe y que ha dejado incontable rastro de víctimas (en todo el mundo) temerosas de hablar. Se puede ver gratuita-y-legalmente con subtítulos en Youtube.

The Rental (2020)

Si The Rental tuviera un subtítulo ridículo sería: “El Airbnb de la muerte”. Dos parejas de jóvenes adultos rentan una casa de playa para pasar el fin de semana y como sabemos que esta es una película de terror, las cosas terminan sangrientamente mal.

La primera mitad puede resultar un poco lenta ya que no hay nada explícitamente de miedo. El director Dave Franco se toma su tiempo para pacientemente sembrar los conflictos y secretos que guardan los personajes. Una vez que la verdad va a sale a la luz, las relaciones están tan fracturadas que están condenados a fallar en su intento por salvarse del asesino que los acecha. No suelo brincar de mi asiento pero esto ocurrió una vez mientras veía The Rental.

La revelación de la identidad del asesino no es satisfactoria, pero al menos juega un poco con la ansiedad que provoca usar servicios como Airbnb, donde no hay verdaderos protocolos de seguridad y privacidad; el precio a pagar por alojamiento más barato.

¿Vale la pena? Sí, está decente. Es un slow burn pero el acto final hace que valga la pena toda la tensión acumulada.

Yes, God, Yes (2019)

Personalmente nunca me tocó ir a un retiro espiritual religioso, pero por historias que he escuchado son extremadamente similares al que Yes, God, Yes presenta; entonces me siento afortunado de no haber pasado por eso. Natalia Dyer (otra alumna de Stranger Things) interpreta a Alice, una adolescente criada en un ambiente católico estricto que comienza su despertar sexual en medio de dudas, confusión, prejuicios y una evidente falta de información. Durante un retiro de fin de semana aprenderá más sobre ella misma y sobre la hipocresía de la gente mojigata.

La película está ambientada a principios de los 2000 y cualquiera que haya sido puberto o adolescente en aquellos años se identificará con las escenas de Alice descubriendo el lado “oculto” del internet. Hasta las personas más conservadoras tienen deseos sexuales, ¿quién lo iba a pensar?

¿Vale la pena? Sí, es una comedia ligera sin grandes pretensiones.

You Don’t nomi (2019)

Showgirls de 1995 es catalogada por algunos como la peor película de todos los tiempos y alabada por otros como una obra maestra del camp. Tras el fracaso en crítica y taquilla, la película con el paso del tiempo se convirtió en un cult classic, sobre todo en la gay culture de Estados Unidos. Este documental explora este fenómeno y su evolución.

You Don’t Nomi nos ayuda a entender el contexto que propició la creación de Showgirls, principalmente la personalidad y obra del director Paul Verhoeven, quien para ese entonces ya se conocía por ser un provocador. ¿Su obra es extremadamente misógina o empoderadora (o ambas)? ¿Se trata de un espectáculo gratuito o una feroz crítica social (o ambas)? ¿Elizabeth Berkley fue una víctima? ¿A los hombres heterosexuales les prenden las mujeres que se mueven como si estuvieran convulsionando? Estas son algunas de las preguntas que plantea el documental y para las cuales no hay una sola respuesta, pero es entretenido al menos intentar responderlas.

¿Vale la pena? Sí, pero solamente si has visto y te ha gustado Showgirls. Si la odias con pasión este documental no te hará cambiar opinión.

La controversia de Cuties: un tema complicado que no debe ser censurado

Hablar sobre la película Mignonnes, mejor conocida como Cuties en inglés o Guapis en español, es complicado por la gran controversia y polarización que ha surgido a su alrededor, la cual dificulta una discusión crítica sobre los temas que presenta. Esta obra de Maïmouna Doucouré narra la historia de una pre-adolescente de once años llamada Amy, hija de inmigrantes senegaleses en Francia, que debido a su soledad y opresiva crianza musulmana hará todo lo posible por encajar en un grupo de niñas bailarinas urbanas, cuyas rutinas cargadas de connotaciones sexuales no son del todo apropiadas para su edad.

En México, las alarmantes estadísticas de abuso sexual infantil y embarazos adolescentes ponen en evidencia un problema social que no se ha podido atender adecuadamente. La intención de Cuties, dirigida específicamente a un público maduro, es precisamente hablar sobre cómo el fácil acceso a material audiovisual para adultos y las redes sociales contribuyen a la sexualidad distorsionada de los pre-adolescentes y adolescentes. Las escenas donde las menores actúan de manera sexualizada no son una glorificación del acto, sino un evento incómodo y a veces perturbador, tal y como lo es en el mundo real.

Es imposible ver la película y creer que es una apología de la pedofilia, ya que el guion y el lenguaje audiovisual son explícitos en cuanto a su reprobación de estos actos (la presentación final incluso muestra a un público que desaprueba el espectáculo); sin embargo tampoco romantiza las difíciles infancias de las personas desfavorecidas y marginadas. Amy y sus amigas puede ser inocentes por instantes y vulgares y agresivas en otros, como cualquier niña a esa edad dentro de ese contexto sociocultural.

Es válido cuestionarse si los encuadres y los movimientos sugestivos de los bailes son apropiados para presentarse en pantalla, o si las actrices infantiles resultaron “dañadas” psicológicamente. Preguntarse hasta donde la libertad creativa permite la presunta explotación infantil en el cine es una discusión que existe desde hace décadas. Algunas películas aclamadas por la crítica como Taxi Driver, con Jodie Foster como una prostituta infantil; o Léon: The Professional, con Natalie Portman en una problemática relación con tintes pedófilos con un asesino a sueldo; presentan a menores de edad en papeles que podrían considerarse inapropiados para su edad y en su momento causaron también controversia. Curiosamente las obras que muestran violencia ejercida por niños como Lord of the Flies o Hunger Games no suscitan el mismo nivel de indignación.

Jodie Foster (de 12 años) disfrutando su papel en Taxi Driver

No hay una respuesta contundente sobre los límites de los actores infantiles, ya que dependen de las leyes sobre el trabajo infantil del momento, la ética profesional de los involucrados y la manera en que se filman las escenas, algo que difícilmente podemos saber sin haber estado ahí o a través de un detrás de cámaras.

Quien haya visto cine europeo sabe que este tiende a ser más abierto en cuanto a temas de sexualidad comparado con las producciones de Hollywood. En el caso de Cuties, de acuerdo a declaraciones de Doucouré las niñas fueron acompañadas por un psicólogo durante la grabación y la misma directora se encargó de hablar claramente con las niñas sobre la intención de las escenas y generar un ambiente de confianza con las niñas. No hay desnudez ni escenas sexuales por parte de las niñas, como algunos medios engañosos quieren hacer creer. El contenido “controversial” es algo que se puede encontrar fácilmente en Youtube, la televisión abierta o incluso en las calles; por lo tanto es muy ingenuo afirmar que Cuties es “carnada de pedófilos”, aunque el póster inicial de Netflix sí daba esa impresión.

Podemos deducir que la extrema reacción negativa que ha tenido esta producción se debe a varias razones. La tradición cristiana que prevalece en muchos sectores conservadores propaga la idea de que los niños son criaturas asexuadas, lo cual la psicología ha desmentido ya. Actualmente existe en todo el mundo una campaña escandalizadora en contra de la “ideología de género” y Cuties es el chivo expiatorio perfecto para crear pánico social e infundir miedo (infundado) sobre la supuesta normalización de la pedofilia que buscan los movimientos progresistas feministas y LGBT+.

“This is not normal: 11 year-old girls sexualized” (conservadores llegando inesperadamente al punto)

Sí, es verdad que la sexualización infantil en los medios existe, pero las causas son múltiples e incluyen: el machismo de nuestra sociedad que alienta a los hombres juzgar a las mujeres por su atractivo sexual; la falta de espacio para voces y modelos a seguir femeninos los medios; la comodificación de los cuerpos de las mujeres para consumo masivo en la publicidad; la falta de educación sexual integral por parte de padres e instituciones educativas; los marcados estereotipos de género impuestos por la sociedad y reforzados por la religión; la misoginia inherente de las doctrinas religiosas abrahámicas; los estándares de belleza imposibles para niñas y mujeres; la falta de comunicación entre padres e hijos a causa del distanciamiento por cuestiones económico-laborales; etc. Muchas de estos temas aparecen en la película francesa y contribuyen a unir las piezas del rompecabezas que nos ayudan a entender integralmente este complejo tema.

Doucouré explica que hay tres fuerzas que influyen y forjan la personalidad en crecimiento de Amy: la cultura del internet, la cultura francesa-occidental y el islam. El aspecto religioso es uno que no ha sido discutido tan ampliamente hasta ahora. Tal parece que obligar a una niña a cumplir con el rol que le asigna su religión opresiva no causa el mismo rechazo que una niña “twerkeando”. Es verdad que una niña no debería estar actuando sexualmente sugerente hacia los adultos, pero tampoco debería ser obligada resistir los golpes de la vida pasivamente, como cuando funge como madre sustituta para sus hermanos. Podríamos llamar a la falta de atención a este y otros aspectos como indignación selectiva.

Cuties no es la causante de la pedofilia que existe en el mundo, sino un espejo que nos quiere obligar a confrontar cómo las mismas niñas pueden ponerse en una situación comprometedora y peligrosa cuando no tienen una supervisión adulta responsable y son influenciadas negativamente por su entorno y el material inapropiado que tienen a su alcance. Los grupos de ultraderecha tienen en sus manos un chivo expiatorio que usan para su beneficio con el fin de evitar hablar de las verdaderas causas de la sexualización y abuso infantil.

¡Oh no! ¿Cómo pudo Cuties provocar esto?

Gracias en parte al movimiento social que comenzó con el #MeToo, muchos abusadores ya han sido identificados, pero lamentablemente son protegidos por el poder que poseen. Son políticos, empresarios, cineastas, sacerdotes y líderes religiosos, profesores y demás personajes (incluyendo miembros de la misma familia) que abusan de su poder para actuar por encima de la ley y dañar a las infancias. Estos abusadores reales son quienes deberían recibir el rechazo social mal dirigido hacia una obra de ficción.

El miedo a hablar sobre la sexualidad también es otro factor clave en todo esto. No podemos permitir que se limite el acceso a la educación sexual para niños por los prejuicios religiosos de algunos. Los menores de edad que cuenten con un vocabulario y conocimiento de su cuerpo y el consentimiento podrán detectar y defenderse más fácilmente cuando alguien intente sobrepasarse con ellos.

Cuties es incómoda y perturbadora, pero también íntima y honesta. A través de la historia de una niña con los mismos defectos que cualquier puberto—todos hicimos muchas tonterías a esa edad —, Doucouré expone de manera osada y honesta problemáticas sociales que merecen nuestra atención. Como una buena obra de arte, invita a la reflexión. Querer “cancelarla” solo impide una saludable y urgente discusión.

Cine y TV en cuarentena 2020 (Parte 4)

Ha pasado ya medio año (!) desde que nos vimos obligados a permanecer en casa el mayor tiempo posible para sobrellevar la pandemia. Mi salud mental no está en su mejor momento, pero estas siguientes películas y series me han ayudado a tolerar esta “nueva normalidad”.

Child’s Play (1988)

También conocida en México como Chucky: el muñeco diabólico— ¿por qué les encanta usar “diabólico” en las traducciones?—, esta película y su icónico villano son ya parte de la cultura popular y es fácil entender por qué: es un maldito muñeco grosero que mata gente. Esta primera entrega de la saga aún no se convertía en una auto-parodia por lo que no contiene tanto humor y camp como las siguientes, pero aún así es un buen nostalgia trip para recordar esos tiempos más inocentes cuando veíamos esta película en Canal 5.

Ahora tenemos que hablar del fenómeno Chucky en México: ¡¿por qué nadie ha investigado esto hasta ahora?! En el habla popular se le dice “chucky” a un niño malcriado, un reconocido jugador de futbol tiene ese apodo y a cierta líder sindical se le compara comúnmente con el muñeco. Estoy esperando un documental que nos revele por qué nuestro país ha acogido tan bien al personaje al grado de integrarlo en su cultura popular.

¿Vale la pena? Si no la has visto nunca, claro; aunque (unpopular opinion) el remake de 2019 me parece más divertido.

Class Action Park (2020)

Hombres poderosos de Wall Street, corrupción, alcohol, adolescentes cachondos y algunos muertos; ¿qué tiene que ver esto con un parque de diversiones actuático? Todo, en el caso del parque Action Park que abrió en 1978 en Vernon Nueva Jersey. Este documental narra la historia de un atractivo turístico que probablemente nunca debió de existir debido a su pésima planificación y nulas medidas de seguridad.

Las anécdotas del lugar y de la época son muy interesantes, sin embargo el documental está muy estirado y se siente tedioso. Otro punto negativo son las animaciones que utilizan para visualizar algunos eventos, ¡son horripilantes! Probablemente es el peor trabajo animado que haya visto en una producción comercial.

¿Vale la pena? Solo si la premisa te ha llamado la atención. Si durara 15 minutos menos y tuviera animaciones no tan horribles sería más fácil de recomendar.

Disclosure (2020)

Las personas trans han sido históricamente una de las minorías peor representadas en los medios y desafortunadamente esto ha contribuido a su rechazo y estigma social. Por suerte los tiempos han cambiado últimamente y Disclosure deja que mujeres y hombres trans narren la historia trans del cine y televisión y también nos cuenten desde su experiencia personal cómo les ha afectado.

¿Vale la pena? Definitivamente, necesitamos más respeto, compasión y empatía hacia la gente trans para reparar el enorme daño que han hecho los medios.

I May Destroy You (2020) *Serie*

Arabella es una escritora joven, algo desobligada y desenfrenada, que es violada después de una noche de parranda. La serie explora cómo este terrible suceso, del cual ella tiene una memoria muy borrosa, afecta su trabajo, sus relaciones personales, su sexualidad y su confianza en los demás. Aunque lo anterior pueda sonar muy dramático, Michaela Coel (la creadora, guionista y protagonista de la serie) logra equilibrar la seriedad de la situación con un humor impecable y personajes tridimensionales y francamente muy realistas y entrañables.

Así como en la vida real, no hay respuestas fáciles ni personas completamente buenas o malas, y eso es parte del deleite de esta producción. El capítulo final es completamente inesperado pero temáticamente perfecto.

¿Vale la pena? Sí, es una joya.

I’ll Be Gone in the Dark (2020) *Serie*

La escritora Michelle McNamara estaba obsesionada con las historias de asesinos seriales y crímenes sin resolver y esta serie documental de HBO, basada en el libro del mismo nombre, reconstruye su íntimo viaje personal y profesional mientras investiga al “Golden State Killer”, uno de los asesinos seriales más prolíficos y menos conocidos de Estados Unidos. A la par también vemos las historias de varias de las sobrevivientes cuyas vidas fueron trastocadas para siempre por este criminal, humanizándolas para no ser solo una estadística.

¿Vale la pena? Sí, mucho. El desarrollo de la investigación y el misterio se van revelando poco a poco de forma muy adictiva. La pasión y obsesión de Michelle por su trabajo es admirable y la vez devastadora cuando ocurre la tragedia.

Looking (2014) *Serie* + Looking: The Movie (2016)

En 2020 incluir personajes gays en una serie o película es algo sumamente común, al grado que parte del público conservador (homofóbico) considera esto forzado. No comparto la opinión de que incluir personajes LGBT+ sea innecesario, pero lo que sí me parece frustrante es que muchas veces las tramas gays, particularmente en las producciones mexicanas, se vean limitadas por la artificialidad y los clichés.

La serie Looking de HBO y la subsecuente película (que sirve como el verdadero final), sobresale por la naturalidad con la que presenta las relaciones amistosas, románticas y sexuales de sus personajes. El trío de protagonistas y su vida en San Francisco no son para nada versiones idealizadas o perfectas de hombres y vidas gays; sino tres simples amigos que se acompañan incondicionalmente en sus mejores y peores momentos.

El feeling general de Looking es como de película indie, donde lo importante son los diálogos y actuaciones, las cuales nunca caen en el melodrama. Las intenciones y motivaciones de los personajes casi siempre se encuentran entre líneas y eso, a mi parecer, te hace sentir más involucrado.

¿Vale la pena? Sí, la autenticidad y honestidad de la producción es palpable y se aprecia mucho.

Mulan (2020)

Otro remake innecesario de Disney que palidece en comparación con la película original; esta nueva Mulan peca de ser aburridísima y simplona, sin humor ni números musicales. Parece que quisieron apostar por la seriedad y grittiness, pero solo superficialmente ya que sigue siendo indudablemente para niños: no hay temas maduros, personajes complejos o siquiera sangre en las batallas.

Liu Yifei interpreta a la protagonista con la personalidad de una caja de cartón, perjudicada también por el nulo desarrollo de su personaje. Mulan es una especie de súperheroina desde el comienzo y su mayor conflicto es tener que esconder sus excepcionales poderes, todo por ser una mujer en una sociedad patriarcal.

El único villano ligeramente interesante es la bruja, pero su papel se limita a guiar (muy artificialmente) a la protagonista hacia donde tiene que ir. Por momentos el discurso parece anti-feminista, las dos mujeres principales son objetivamente más poderosas que cualquier otra persona, pero al final del día quieren servir o complacer a algún hombre, sin cuestionarse las estructuras de poder que las hacían sentir oprimidas en primer lugar.

En cuanto a aspectos positivos… ¿las fotografía está bien lograda la mayoría del tiempo?

¿Vale la pena? No. No hay magia ni corazón en esta versión, solo propagada china.

Palm Springs (2020)

Las historias de time loops siempre son (al menos) entretenidas y Palm Spring no es la excepción. La explicación del fenómeno es lo de menos, lo importante es ver cómo reaccionan los personajes cuando tienen que repetir el mismo día indefinidamente. Andy Samberg y Cristin Milioti tienen excelente química y son un deleite en pantalla. También hay algunas cuestiones éticas y existenciales interesantes que, aunque no son el enfoque principal, elevan un poco esta producción sobre otras similares.

¿Vale la pena? Sí, de preferencia con pizza y cerveza.