La cruzada contra la “ideología de género” en México (Parte 1)

LGBT, Mexico

Criticar a la Iglesia católica (o cualquier religión institucionalizada) sigue siendo un tabú en México y esto ha ocasionado que una teoría de conspiración tan absurda como la “ideología de género” haya cobrado tanta fuerza en el país en los últimos años, amenazando con frenar o revertir derechos sociales que creemos ganados; además de alimentar la misoginia, homofobia y transfobia que cobra vidas todos los días. También ha propiciado que la institución sea incapaz de resolver sus problemas internos como las sociedades secretas en su interior, la corrupción y el encubrimiento sistemático de pederastia clerical.

La ciencia y las sociedades avanzan, pero hay quienes se rehúsan a aceptar el cambio por miedo, ignorancia o simplemente porque hay mucho dinero y poder de por medio. Para poder combatir las injusticias a nuestro alrededor debemos estar bien informados, por eso me di a la tarea de hacer una investigación profunda sobre todo este fenómeno “anti-género”.

Aquí se puede leer la primera parte.

Ana: retrato involuntario de una whitexican

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Ana es una serie “cómica” sobre la actriz Ana de la Reguera, creada por ella misma e inspirada en su vida personal y profesional. En ella retrata los problemas y ansiedades que sufre cuando está a punto de cumplir cuarenta años. Así como producciones recientes como La casa de las flores o Cindy la regia, esta serie nos muestra problemas de gente privilegiada aderezados con temas presuntamente controversiales o transgresores para una sociedad mexicana conservadora. El resultado no es gracioso ni la (auto)crítica es lo suficientemente interesante para hacer de esta una serie recomendable, a menos que ver a la actriz fracasando en ser irreverente o mirar sexo lésbico light y masturbación femenina (¡con squirting!) sea suficiente para dejarte satisfecho.

La premisa de la serie es simple: Ana de la Regadera (sí, ese es su nombre en la ficción), quien vive entre CDMX y Los Angeles, es rechazada para el papel que anhelaba y con el cual pensaba triunfar como actriz latina en EUA. Esto la lleva a una especie de segunda adolescencia donde debe reencontrarse y redescubrirse a sí misma, dejando atrás los traumas de su crianza conservadora y expectativas para una mujer de su edad. El principal problema de la serie es que la protagonista es extremadamente antipática, incluso insufrible, y debemos estar con ella el 99% del tiempo. Su personaje está construido para ser un antihéroe estilo Fleabag, de la serie del mismo nombre, pero la ejecución es bastante artificial:

  • ¡Come comida chatarra y le encanta! Aunque sigue teniendo una figura muy delgada sin tener que hacer ejercicio.
  • ¡Fuma mariguana y es un desastre! Aunque ella siempre se ve impecable y su departamento y casa están siempre limpios y relucientes.
  • ¡Tiene tres (casi cuatro) amantes, y una es mujer! Parece que es tan cautivadora que puede ligarse a quien ella quiera sin esfuerzo.
  • ¡Es grosera y dice “verga”! Insulta a quien ella quiera y no pasa nada.

Todos estos aspectos de personalidad, en abstracto, podrían hacer un personaje entretenido y divertido, ya que la comedia y el drama surgen naturalmente de conflicto; pero no, el humor es tan forzado y básico (¡el papá le manda imágenes estilo Piolín por Whatsapp!) que termina siendo odioso. Después de casi cada situación “cómica” hay un mini montaje de imágenes chuscas que después de la segunda vez resulta francamente pretencioso. Casi cada episodio presenta también un número musical que parece insertado solamente para cubrir el tiempo necesario del capítulo, no avanzan la trama o muestran algún matiz emocional inesperado, estos son los momentos de cringe más grande de la serie.

En cuanto al drama, el guion no tiene ningún interés en crear una trama interesante o que las acciones de Ana tengan consecuencias. Al principio de la serie, la actriz parece estar en graves problemas económicos, por lo que supondríamos que el dinero será un gran problema porque no obtuvo el papel que buscaba. Pero nada de eso, después de diez episodios, ella sigue viajando constantemente y lleva su mismo estilo de vida sin sacrificios o restricciones. Se da el lujo de rechazar comerciales en México, incluyendo un protagónico de una serie, e incluso va a una clínica de reproducción para congelar sus óvulos, lo cual eventualmente descarta porque no quiere dejar de fumar mariguana.

Para ser una serie que pretende mostrar una mirada “auténtica” a la vida de la actriz, parece que ocurre en otra realidad, una donde una mujer inmadura, chiflada e ingrata puede conseguir lo que quiere sin esfuerzo. La cereza en el pastel ocurre en el final de la serie: Ana obtiene un papel, sin tener que hacer casting, pero lo rechaza justo antes de empezar las grabaciones por considerarlo indigno. ¿No leyó nunca el guion?. Lleva el documento a una calle debajo del letrero de HOLLYWOOD y orina sobre él, mientras se escucha un voiceover pretencioso sobre cómo hay que perderse primero para encontrarse a uno mismo.

Las inquietudes y miedos de una mujer que “ya pasó su punto de expiración”, como repite la madre de Ana, sí son material fresco para la televisión mexicana. El rol de la mujer mexicana adulta alejada de los estereotipos de género y la exploración sexual, sí son temas “tabú” en la sociedad y, en teoría, sería bueno que se abordaran en los medios, sobre todo bajo el control creativo femenino. Pero, desafortunadamente, las buenas intenciones no se traducen automáticamente en material de calidad. La relación lésbica de Ana con Chock (cringe) es una situación novedosa para el espectador mexicano promedio, pero termina dando pena ajena. La amante es una caricatura de una feminista que se avienta frases como “esto va a ser muy heteropatriarcal de mi parte”. Escritores mexicanos: decir frases o términos trendy como: “heteropatriarcado”, “neoburguesía” o “sistema opresor capitalista”, NO es un chiste en sí mismo y NO da risa.

Otro instante de temas de diversidad sexual desaprovechados es el del personaje de la hermana de Ana (interpretada por su verdadera hermana). Ella es un tipo de personaje que no vemos comúnmente en televisión: una mujer lesbiana con estilo butch. Su participación en la historia se limita a apoyar a Ana y aconsejarla cuando tiene problemas… y ya.

También hay una secuencia en un antro gay en Los Angeles que resulta gratuita y parece que solo fue incluida para marcar el checklist de cosas que resultarían controversiales para una señora católica. No entiendo cuál era el punto de la escena, tal vez presentar a Ana siendo idolatrada por la comunidad LGBT+ porque es una ex-actriz de telenovelas y esto apela a la gente gay (¿?).

De lo poco rescatable de la serie son los valores de producción, ya que es evidente que sí hay gente con talento detrás de cámara. La dirección del cineasta Carlos Carrera ayuda a levantar un poco el flojísimo guion y malas actuaciones, sobre todo los números musicales que son visualmente inspirados. Los insertos después de los chistes también aportan para crear un estilo único. Las escenas que simulan ser grabaciones antiguas en VHS también están bien logradas y ambientadas. Pero finalmente nada de esto es suficiente para salvar esta serie.

Echarte los 10 capítulos de Ana da la sensación de haber presenciado a Ana de la Reguera masturbándose: es ella congratulándose a sí misma por ser arriesgada y transgresora pero en realidad lo único que hizo fue darse placer a ella misma, perdí la cuenta de las veces que otros personajes la halagan por su belleza o por “defender” los derechos LGBT+. Tocar temas tabú de manera muy torpe se está convirtiendo ya en un cliché del cine y series mexicanas, que parece ser que esperan elogios y reconocimiento automático simplemente por poner en pantalla estas situaciones, sin la inteligencia para hacerlo de manera divertida o profunda. El toque whitexican, que dudo que sea consciente, hace aún más insufrible todo. Lo único que me deja pensando esta serie es si la verdadera Ana de la Reguera será igual de odiosa e inmadura que su personaje.

Novedad y decadencia: La casa de las flores y su jotería

LGBT, Mexico, TV
La casa de las flores, descripción gráfica

Ver la recién concluida serie La casa de las flores es como comer Doritos Rainbows, es ingerir comida chatarra de colores arcoíris envuelta en un empaque pro LGBT+. Su variedad personajes y temas queer, entendiéndolo como lo referente a la diversidad sexual y de género, son un hito en la televisión mainstream producida en México e indudablemente esto tiene su mérito, pero las deficiencias en guion, construcción de personajes y falta profundidad temática hacen de esta una producción muy superficial como obra completa. A continuación expresaré mis impresiones generales de la serie, especialmente sobre su manejo de lo queer y los personajes de María José, Julián y Diego.  

Sutileza

Primera temporada: telenovela con jotería fresca

Si hay algo que se le debe reconocer a la serie de Manolo Caro es su estilo camp bien definido y logrado. Dicho en términos simples, el camp es la jotería de la serie, sin entender esto como algo negativo o despectivo; es la estética y sensibilidad propia de la cultura LGBT+ en México. La serie aprovecha al máximo un repertorio de influencias como las telenovelas mexicanas de antaño, música pop en español, la estética de Pedro Almodóvar, la provocación y erotización del cuerpo masculino a la Ryan Murphy y la comedia vulgar mexicana, para consolidar su producto como una “telenovela millenial”.

La premisa de la serie es muy efectiva: tras el suicidio de la amante de Ernesto De la Mora, su familia debe mantenerse unida para sacar al patriarca de la cárcel y mantener a flote los negocios familiares, mientras los secretos que han guardado a través del tiempo salen a relucir. Las historias de familias disfuncionales de clase alta que se desviven por aparentar ser perfectas son ya un cliché de la televisión y cine mexicano, pero la diferencia radica en que La casa de las flores se regocija en las libertades que le permite Netflix para ser más irreverente y arriesgada, valiéndose de sátira, humor negro, desnudos, groserías y apertura de temas queer, que mezclados con giros de trama escandalosos propios de una telenovela crearon una divertida, morbosa y fácilmente digerible primera temporada.

Esto no lo tiene Televisa.

Si hubo un personaje sobresaliente en la primera temporada, que no fuera por su factor “memeable”, sería María José (interpretada por Paco León), una mujer trans que es abogada y cuyo papel en la historia salía de los estereotipos al no girar en torno a su transición, las dudas sobre identidad de género o la violencia que recibía. De entrada, ella ya se presentaba con naturalidad y dignidad para poder participar en la historia ayudando a sacar a Ernesto de la cárcel y lidiando con el reencuentro sentimental con su ex-esposa Paulina y Bruno, el hijo que procrearon.

A través de flashbacks obtenemos un vistazo al difícil momento en el que la pareja se separa, pero en el presente María José y Paulina se muestran más maduras, se perdonan mutuamente y reavivan su relación. En el último capítulo la familia decide mudarse a España para alejarse de los problemas y empezar de nuevo los tres juntos. A mí parecer, este personaje fue un gran acierto y un indicio de que la serie podría ir a lugares interesantes.

María José y Paulina

Los otros personajes queer con mayor relevancia son la pareja de el hijo menor De la Mora, Julián (sosamente interpretado por Dario Yazbek), un nini viviendo a costa de la familia, y Diego (Juan Pablo Medina), el asesor financiero familiar. La bisexualidad de Julián y mostrar abiertamente la vida sexual de una pareja gay con notable diferencia de edad es uno de varios méritos automáticos para la serie. Después de una obligada trama de salida del clóset y la aparente ruptura de los amantes, solo el tiempo diría si sus historias se encaminarían por rumbos más interesantes.

Si bien la primera temporada tiene sus aspectos criticables, como la controversia sobre un actor cis interpretando un personaje trans o el nulo carisma de Aislinn Derbez, las bases estaban bien cimentadas para una segunda temporada que podría ir en muchas direcciones. Pero al poco tiempo dos factores marcaron el inicio del fin: Verónica Castro no regresaría para más episodios y la serie sería víctima de su propio éxito, dando prioridad en el guion a complacer al público con lo que funcionó anteriormente y evitando ahondar en la complejidad de sus temas.

Segunda temporada: fanservice y personajes sin rumbo

A partir de la segunda temporada, la serie se convierte en una caricatura. La trama, en vez de estar sustentada en lógica del mundo real, prefiere generar y solucionar artificialmente los problemas. Un claro ejemplo de esto es que en los primeros capítulos, la familia debe idear un plan para recuperar el cabaret perdido, pero eventualmente Diego lo recupera tras apostar con el nuevo dueño en un evento que ni siquiera es mostrado en pantalla, solo se menciona y debemos aceptarlo sin pensar. Los personajes y su contexto mudan poco a poco a una hiperrealidad, anteriormente reservada para números musicales, donde todo puede ocurrir y nada debe tomarse en serio. Las tramas de la secta y el concurso de talento son tan absurdas y de un humor tan infantil que dan pena ajena y no vale la pena mencionarlas de nuevo.

Ya nada importa o debe tomarse en serio después de esta escena.

Aquello que funcionó con las audiencias en redes sociales se subió de nivel. Si Paulina de la Mora hablaba graciosamente, ahora su “acento” será más marcado; si “salúdame al Cacas” dio risa, usaremos a este personaje para que mencionen su apodo regularmente; si les gustó el soundtrack, ahora habrá más momentos musicales. Esto es fanservice: complacer a las audiencias de manera superficial. Puede ser gracioso de vez en cuando y hasta disfrutable, pero en este caso solo es maquillaje para cubrir defectos.

Afortunadamente para María José, su personaje sale bien librado en esta temporada. A su regreso a México tiene una breve pero valiosa interacción con las imitadoras drag del cabaret, ayudando a “Gloria Trevi” a cambiar sus documentos de identidad. Es una situación un poco melosa tal vez, pero me parece que se representó con buenas y honestas intenciones. El mayor problema para la abogada es la extraña e incómoda relación con su hermana Purificación, cuyos motivos se mantienen en misterio por el momento y serán revelados hasta la tercera temporada.

Creo que aquí debía decir “nosotras”.

Otro pequeño acierto de estos episodios es cuando Paulina busca a las imitadoras para reincorporarlas al cabaret. Brevemente les observamos en sus contextos sociales fuera de personaje, un toque necesario para humanizar y darle más profundidad a estos personajes, que lamentablemente no volverán a tener después.

En cuanto a Julián, su ex-novia lo sorprende con un embarazo que pretende adjudicarle, pero luego se descubre que no es de él. Por algunos capítulos el hijo menor De la Mora recapacita sobre su vida y quiere superarse, pero al carecer de habilidades o intereses más que el sexo, se convierte temporalmente en escort. Esto se presenta de manera chusca y sin consecuencias de ningún tipo, por lo que a la larga es intrascendente. Su momento para ser útil es cuando sugiere incorporar strippers masculinos al cabaret.

Por otro lado, Diego se reencuentra con Julián para aclarar que él no ha robado el dinero de la familia y retoman su relación, hasta llegar a convivir brevemente con la bebé y sentirse como padres por un momento. Debemos creer que esto activa los instintos paternales de ambos y deciden que quieren tener un hijo biológico juntos. ¿Será esto una decisión correcta? ¿Es sensato fomentar este deseo de Julián dada su inmadurez e inestabilidad económica y emocional? A la serie no le incumbe cuestionarse esto y Diego coge en secreto con su cuñada Elena para embarazarla (con su consentimiento) y hacerle el favor a la pareja. Ah, y también él es encarcelado, pero no importa porque sale libre casi inmediatamente.

Heteronormatividad

Al menos solo queda una temporada más, esto no se puede poner peor, ¿cierto? (Spoiler alert: sí)

Tercera temporada: un spinoff repentino y un final mediocre

La tercera temporada toma los peores aspectos de la segunda y los amplifica. El fanservice se convierte en un atractivo principal de la serie y llega a tal grado de ridiculez que ahora ocasionalmente los personajes incorporan letras de canciones pop o memes en sus diálogos.

Es gracioso (¿?) porque es una referencia.

Lo único que salva este bodrio de ser un completo desastre es una serie de flashbacks sobre la juventud de Virginia de la Mora. Ya que Verónica Castro nunca regresará a la serie, los guionistas insertan una historia que ocurre en los años 70s para explorar el backstory de su personaje. Viéndolo de manera independiente, estos flashbacks me parecen bien logrados, con buena ambientación y ofreciendo un vistazo (un poco forzado tal vez) a la cultura queer y homofobia de la época. Las versiones jóvenes de los personajes son muy convincentes y colorean mejor su psicología en el presente.

Un nuevo personaje introducido en el pasado es Pato (Christian Chávez), un chico gay del círculo social de Virginia. Aunque nunca habíamos escuchado sobre él anteriormente, resulta que ha jugado un papel muy importante en la vida de la familia De la Mora. Es el verdadero padre de Paulina, descubrió el secreto de la muerte del padre de Virginia, introdujo a todos en el movimiento LGBT+ de la época e incluso debemos asumir que gracias a él Ernesto adquirió un gusto por el drag que lo lleva a manejar un cabaret en su adultez. Para sustentar todo este peso en la historia, se le da mucho tiempo en pantalla a Pato (para desfortuna de otros personajes principales), lo cual no necesariamente es un error. Su trágica historia de amor, aunque puede ser predecible, está decentemente desarrollada y con un muy gráfico crimen de odio nos recuerda que antes las cosas eran peores para los gays.

Crítica social

Todo lo que ocurre en flashbacks parece más bien un spinoff porque, aparte del cambio brusco de tono, los eventos del pasado tienen poca repercusión tangible en el presente, probablemente porque los dos personajes que reciben mayor atención, Virginia y Pato, ya están muertos. De haber ocurrido en la primera temporada o en una película, esto pudo haberse sentido más sólido. Los paralelismos entre el pasado y el presente son a lo mucho superficiales. La motivación de la abuela, una nueva villana de la temporada, no adquiere alguna nueva dimensión y el esclarecimiento del crimen de odio hacia Pato tampoco importa; el hecho de que Paulina descubra la verdad sobre su padre podría no haberse incluido y no cambiaría nada de la conclusión de su personaje.

Cualquier oportunidad es buena para hacer un montaje de transformación drag.

Contrario a la seriedad de los flashbacks, los demás personajes queer viven en un mundo de caricatura. María José tiene una nueva relación, que parece sacada de la manga, con una mujer llamada Kim, quien abusa de su hijo trans para obtener atención… o algo por el estilo. María José, quien anteriormente era altamente empática y centrada, observa una escena de maltrato y en lugar de ayudar al niño, corta con Kim y estos nuevos personajes desaparecen. Esta situación parece que era solamente un obstáculo artificial para postergar su regreso con Paulina. La trivialización de la violencia trans, sobre todo por parte de uno los pocos personajes genuinamente buenos en la serie me pareció de pésimo gusto por parte de los guionistas.

Violencia infantil-trans como chiste

Al principio de la temporada y de nuevo en el último capítulo, María José saca a Paulina de la cárcel mediante corrupción. En México todo se puede con dinero, es lo que nos dicen en un principio de manera factual, no como algo negativo. Entonces no debemos cuestionarnos el actuar de la abogada, simplemente estar satisfechos con su tenacidad para salvar a su prometida. María José y Paulina se casan en el final de la serie y gracias a la química de los actores podemos sentirnos felices por la pareja e ignorar el viaje sin sentido por el que atravesaron en los últimos capítulos resolviendo el misterio de Pato. Una boda entre una mujer trans y una mujer cis sí es algo nunca antes visto en series mexicanas, pero es una lástima que ocurre entre un mar de sinstentidos, como el de que su hijo tuvo una fugaz carrera en un grupo musical sin la supervisión de sus madres.

Sobre Purificación, María José se muestra muy compasiva con ella ya que, nos enteramos, padece una enfermedad mental no especificada. Estas interacciones más que interesantes son desesperantes, ya que “Puri” es una villana unidimensional sin una sola cualidad. La dinámica entre hermanas es hueca y tediosa a pesar del esfuerzo actoral de Paco León por parecer que le importa. Creo que intentaban emular a una villana despiadada de telenovela, pero su poco desarrollo e involucramiento con otros miembros de la familia De la Mora hace que su presencia se sienta como una molestia, que se resuelve anticlimáticamente con un fantasma.

Probablemente la peor trama de toda la serie es la de Diego ingresando voluntariamente a terapia de conversión porque está urgido por procrear y no puede esperar a que Elena se recupere del coma. Tras reencontrarse con sus padres para darles la noticia de que tendrán un nieto, ellos lo siguen rechazando por su sexualidad, por lo que Diego toma la decisión más lógica y madura, ingresar a un programa de varios meses que su primo asegura puede cambiar su sexualidad y con esto poder tener una familia “normal” con una mujer. Esto suena tan absurdo e inverosímil para el personaje que tengo la teoría que era una parte de la historia de Pato en los flashbacks, pero por alguna razón se lo adjudicaron a Diego.

Una persona que dice eso jamás iría a una terapia de conversión.

El manejo de la situación es tan pobre y desafortunado que trivializa un fenómeno que sigue existiendo en nuestro país y causa graves y duraderos daños psicológicos a quien lo vive. Abordar un tema tan delicado requiere un compromiso y responsabilidad que simplemente no tienen los guionistas de esta serie. Dos episodios seguidos terminan con él recibiendo electroshocks (¿realmente se siguen utilizando hoy en día?) y en su estadía tiene una cita con una mujer mientras es observado por un grupo de personas detrás de un espejo de doble vista.

La manera lógica de lograrlo

Finalmente es Elena embarazada, acompañada de Julián, quien convence a los padres de Diego que lo saquen de ese lugar. La pareja de hombres declara que su amor es más fuerte que antes y Elena queda tan conmovida que quiere compartir la crianza del bebé con ellos, y con un repartidor de Rappi (digo, Rabbit) que acaba de conocer. Diego llora en su bañera en una escena que dura unos segundos y luego todo se olvida cuando nace el bebé. Todos serán muy felices.

Tal vez la intención era darle a Julián y Diego un final de telenovela pero subversivo: “la pareja gay forma una familia… ¡pero de cuatro!”, sin embargo el build-up es pobre y no considera la lógica ni consecuencias de los eventos que acaban de ocurrir. La serie tampoco está interesada deconstruir estas ideas heteronormadas y románticas, sino al contrario, parece validarlas: los problemas de una pareja inestable se resolverán formando una familia con hijos.

Conclusión: todo se marchita

Ignoro qué tanto del bajón de calidad de la segunda y tercera temporada se deba a la salida de Verónica Castro y los ajustes que se hayan tenido que hacer al guion, pero el producto final es el que habla por sí mismo. La casa de las flores llenó un vacío que existía en las producciones mexicanas, aportando una estética, humor y temas frescos para el público nacional, pero ser el primero en algo no debe automáticamente considerarse como de buena calidad.

Aunque el camp es un estilo válido así como usar las telenovelas como influencia, esto no es una excusa para escribir guiones incoherentes. Parece que ya al final la serie se preocupó más por crear escenas que sirvieran para memes o gifs en lugar de contar una historia convincente. La casa de las flores es hasta ahora la mejor serie queer mexicana, simplemente porque no existe otra. Manolo Caro y otros realizadores deben superar este primer intento y mejorar sus producciones queer. El público merece más que Doritos Rainbows.

Un fantasma salva el día. ¡VIVA MÉXICO!

Illustration: Embracing Angels

Books, Illustration, LGBT

I was inspired by the angels Baruch and Balthamos, two characters that first appear at the end of The Subtle Knife, the second book in Philip Pullman’s His Dark Materials trilogy. Their book description is tricky to imagine: they seem to be made of light but appear amost invisible to the eye during the day.

I admire that their relationship is not hidden from the reader. They are explicitly in love and are quite affectionate towards each other, without it being treated like an oddity or pandering. Good LGBT+ representation in children’s/YA fantasy is always welcomed.

Happy Valentine’s Day! 🏳️‍🌈❤️

Sketch
Final illustration

El fenómeno #Aristemo

LGBT, Mexico, TV

Las historias sobre gays en telenovelas mexicanas no son algo nuevo. Desde los 90’s han aparecido personajes secundarios que casi siempre siguen una historia predefinida: miedo y confusión por su atracción hacia el mismo género, melodramática salida del clóset, rechazo social y finalmente aceptación e integración a la familia (con pareja estable). El asumir una identidad gay suele presentarse como una odisea de lágrimas, hostilidad e incluso violencia.

Mi marido tiene más familia (MMTMF) no se desvía mucho de la fórmula pre-establecida para este tipo de historias, pero el enfoque más digno, cotidiano y tierno (empalagoso incluso) con que trató a Aristóteles y Temo creó, tal vez accidentalmente, el fenómeno de redes sociales llamado Aristemo. Fue tal el impacto con el público, particularmente en Twitter, que después de extender la duración de la novela se le dio más tiempo en pantalla a la relación de Aristemo, y al terminar la novela se produjo una obra de teatro y subsecuentemente un spin-off “protagonizado” (más adelante explicaré por qué entre comillas) por la pareja. Incluso GLAAD premió a estos personajes por considerarlos una representación sumamente positiva e innovadora en el contexto de la televisión en América Latina.

Algo nunca antes visto en televisión (abierta mexicana)

La existencia de Aristemo es un paso hacia adelante en cuanto a representación gay en medios de comunicación masivos mexicanos: los chicos no se ven forzados a asumir roles tradicionales híper masculinos, se permiten ser sensibles sin llegar a lo caricaturesco y eventualmente se besan sin censura como cualquier otra pareja romántica. A pesar de lo anterior , la trayectoria del fenómeno no está exenta de sus tropiezos y situaciones problemáticas. Me parece necesario analizar estos aspectos negativo para entender cómo fue que lo que inició como una mirada más honesta y normalizadora de unos chicos gays se convirtió en una manipulación de las audiencias y últimamente en potencial desperdiciado. Parece ser que la televisión abierta aún no está comprometida en presentar historias de personajes LGBT+ que salgan del molde pre-establecido. Además de celebrar los avances, debemos tener la capacidad y disposición de criticar.

#Aristemo

MMTMF es en realidad la segunda temporada de Mi marido tiene familia (basada en una novela coreana). Al concluir la historia adaptada, la versión mexicana crea su propio argumento e introduce nuevos personajes, entre ellos Cuauhtémoc “Temo” López (Joaquín Bondoni), un adolescente nuevo en la ciudad de Oaxaca que desde un inicio se identifica como gay, aunque dentro del clóset aún. Su interés amoroso es Aristóteles “Aris” Córcega, otro chico que es aspirante a artista y apenas está descubriendo su sexualidad.

La relación Aristemo, así bautizada por las audiencias, cautivó a mucha gente debido a la representación tierna  y sincera de lo que es ser un adolescente descubriéndose a sí mismo. En un principio Aris no tenía una idea clara de su sexualidad, y esto le causaba conflicto a ambos. Temo sufría por no saber si su amor sería correspondido. Este will they or won’t they? fue el gancho que atrapó a los espectadores quienes lograron hacer tendencia recurrente el hashtag #Aristemo para mostrar su apoyo a esta pareja de ficción.

A favor de MMTMF también podemos decir que el drama familiar de la salida del closet, si tal vez ya es un cliché a estas alturas, no escala a proporciones exageradas y son más los personajes que muestran su apoyo que los que rechazan. ¿Un reflejo del México contemporáneo?

Televisa no tardó en darse cuenta del fenómeno que tenían en manos, por lo que comenzó a aprovechar su poder con los seguidores para mantenerlos enganchados a la novela. El término “Aristemo” comenzó a ser utilizado por los propios personajes, incluso cuando no sonara natural.

La declaración de noviazgo de Aris a Temo después de un número musical (nadie dijo que las telenovelas fueran realistas) va algo como:

— Quiero decirte que… somos Aristemo.

— ¿Somos Aristemo?

— No pues esa es una pregunta que tienes que contestarme tú, Cuauhtémoc López.

— Sí, Aristóteles Córcega. Somos Aristemo.

[…]

— Claro que no es un sueño. Esto está pasando, es neta.

— Esto no va a ser fácil. Hay mucha gente que todavía no está lista para nosotros, para Aristemo.

— No, no no. A ver, pues qué chido que no lo estén, porque así tú y yo vamos a poder callarlos a todos.

Más que una declaración de amor parece un meta-comentario de Televisa, confirmando que están comprometidos a romper esquemas y darle a la audiencia lo que pide. Después del éxito de la producción, se amplía el número de capítulos y la historia se alarga más de lo inicialmente planeado. Y parece ser que ahora que la pareja estaba junta, se necesitaba otro gancho para mantener a la gente cautiva. La decisión fue usar el beso entre los adolescentes como carnada.

Queerbaiting o Kissbaiting

El término queerbaiting se utiliza en crítica de medios para hablar de una potencial relación homosexual entre personajes, que a pesar de estar sugerida, nunca se hace explícita. Ejemplos de ello son Finn y Poe en Star Wars, Sherlock Holmes y Watson o Capitán América y Bucky en el Marvel Cinematic Universe. La carnada (bait) se utiliza para atraer a un público LGBT+ hambriento de representación sin tener que comprometerse del todo a desarrollar abiertamente este tipo de historias.. Así se obtiene más audiencia sin alienar o hacer enfadar a grupos conservadores, o simplemente por no querer hacer un esfuerzo extra en integrar orgánicamente este tipo de relaciones.

MMTMF no cae en la definición tradicional de queerbaiting, sería algo más como kissbaiting, pero logró un efectos similar al guardarse el beso que sabe que la audiencia espera y no tiene justificación para no mostrar. En cualquier otra telenovela juvenil una declaración de noviazgo concluiría en un beso, así como en la vida real. La decisión de la producción fue guardar este momento indefinidamente para que hubiera algo que esperar. Así lograron que los fans en Twitter estuvieran al pendiente todos los días pidiendo que los personajes por fin unieran sus labios. El productor Juan Osorio se pronunció al respecto primero negando y luego prometiendo el evento. Mientras tanto en la novela se creaban situaciones donde Aris y Temo estaban en la intimidad y bien podían hacerlo, pero eran detenidos por alguien más o simplemente era una finta.

Querían un beso, ¿no?

Para echarle sal a la herida, en los capítulos adicionales se introdujeron nuevos personajes en la historia, entre ellos Yolotl, que aunque por su nombre podría pensarse que sería una chica de ascendencia indígena, no es así (pero el tema del racismo y blanqueamiento de personajes en la novela es tema aparte). Esta adolescente se interpondría entre la pareja gay e intentaría enamorar a Aris. El primer gran enojo de la audiencia fue cuando en los créditos iniciales de la novela se presentaba un beso (no correspondido) entre “Yolo” y Aris, enfureciendo a los fans a tal grado que eventualmente se eliminó esta toma de la introducción.

En la recta final de la novela los escritores se permitieron explorar las primeras citas de Aris y Temo, con situaciones cotidianas y tiernas, con los seguidores siempre a la espera del prometido beso. En un punto los dos chicos se hacen tatuajes idénticos para demostrarse su amor. Para Todo eso es aceptable de mostrar, pero EL beso debe guardarse forzosamente hasta que la audiencia esté lista, es decir, hasta el último capítulo. Efectivamente, en el último capítulo Aris y Temo se besan no solo una sino DOS veces.  Gracias Juan Osorio y producción por ser tan generosos con su audiencia.

Finalmente las muestras de cariño de la pareja se presentaron de manera digna, romántica y honesta, probablemente por la buena química de los actores. El público, principalmente en redes sociales, respondió de manera muy positiva, poniendo una telenovela de televisión abierta (un medio en decadencia) al centro de la conversación y generando tal impacto que recibieron el GLAAD award por su buena representación en la televisión de habla hispana. Si es por popularidad, Aristemo se puede considerar un éxito. Pero por mi parte no puedo dejar de ver el contexto y todo lo que le precedió y no termino de estar satisfecho.

Cuando algo tiene un éxito inusitado hay que aprovecharlo al máximo, así que inmediatamente Televisa anunció dos spin-offs dedicados a Aristemo, una obra de teatro llamada “Aristemo el musical” y una serie-telenovela llamada “Juntos, el corazón nunca se equivoca” (JECNSE).

La obra de teatro, como su nombre lo indica, es un musical compuesto por canciones que sospecho son del disco debut de Emilio Osorio y es una historia que no es parte del canon de las novelas. Al parecer por las reacciones, igual que en la telenovela, un breve beso se guarda para el final. Las viejas costumbres son difíciles de superar.

Juntos, el corazón nunca se equivoca, el nombre más cursi de todos los tiempos

¡Cuántos personajes gays! (2)

La expectativa para JECNSE era grande, después de todo sería la primera telenovela con protagonistas gays en la televisión mexicana. La audiencia estaba ya establecida y ayudaría a Televisa a conectar con el público joven que ya no ve televisión abierta. La obra de teatro había sido un éxito y Osorio y Bondoni hacían frecuentes apariciones en distintos programas de televisión e internet para mantener vivo el fenómeno.

La premisa de la telenovela (¿o serie?, solo tiene 26 capítulos) es que Aris y Temo se mudarían a la Ciudad de México para estudiar la universidad. La pareja estaría migrando de una ciudad pequeña y conservadora a la más grande y abierta del país. El sueño de Aris de ser artista podría ser el enfoque, así como los problemas de una relación viviendo bajo el mismo techo. Podrían incluirse nuevos personajes que ejemplificaran la diversidad sexual y de género y abordar historias nunca antes contadas en las telenovelas. ¿Sería esto el inicio de una nueva era de entretenimiento más inclusivo y de acorde a la realidad de la gente LGBT+?

Antes de su estreno oficial en televisión Televisa subió el primer episodio a internet como pre-estreno. Mi primera impresión fue positiva, aunque las señales del desastre estuvieron desde el principio al verlo en retrospectiva. Como punto a su favor, Aris y Temo se llamaban el uno al otro como novios y los demás personajes también se referían a ellos así. Out and open y aceptados por la familia, daba la impresión que la homofobia no sería ya un problema tan relevante en la trama. También debo confesar que la canción de los créditos finales es muy pegajosa.

Algo que me llamó mucho la atención era el elenco. Contrario a lo que se podría pensar de un spin-off de adolescentes, la mayoría de los demás actores eran adultos mayores de 40, caras conocidas de telenovelas de antaño. Sospecho que el fin de esto era conservar la audiencia de “señoras que ven telenovelas” que podrían no sentirse identificadas con personajes más jóvenes (y LGBT+). Después de todo, JECNSE pasaría en horario estelar de 8:30 a 9:30 de la noche.

Los jóvenes se identifican mucho con señoras de más de 40.

Peor aún, aparte de Aris y Temo, solo había otro personaje abiertamente gay relevante, Diego, quien ya había aparecido esporádicamente en MMTMF. Un cuarto y quinto personaje, el adolescente Mateo y la señora Nora, podrían ser gay y lesbiana respectivamente (o bi), pero no se dice explícitamente. A él lo emparejan con Diego un poco a manera de queerbaiting. Y a ella la muestran sufriendo el rechazo de su hermana por amar a otra mujer llamada B. No se molestan en darle un nombre de verdad a esta mujer o mostrarla siquiera claramente hasta el último capítulo a manera de sorpresa. Decepcionante…

Puede parecer muy trivial mi insistencia con este tema, pero el primer beso de Aris y Temo ocurre hasta alrededor del cuarto capítulo, mientras que en el primer episodio se muestra uno entre Ubaldo (el villano de la historia) y Carlota, quienes tienen una amplia diferencia de edad y su relación no es particularmente romántica. Él se está aprovechando y ella lo permite porque necesita información para resolver el misterio de la muerte de su hermano (telenovelas a final de cuentas). Sospechoso…

Una historia de política y dramas genéricos de telenovela (y una pareja gay por ahí también)

Hablar a detalle sobre la trama de la serie no creo que valga la pena. Mi teoría es que Televisa tenía guardado por ahí el guion de una telenovela sin producir sobre política y solo le metió a los Aristemo con calzador. A grandes rasgos, Ubaldo es un político corrupto que mandó asesinar al hermano de Carlota y los demás deben resolver el misterio y evidenciar la maldad del político para frenar su trayectoria y hacer justicia. Definitivamente una trama MUY gay.

La mamá de Aris, Polita se instala desde el principio como vecina de la pareja y sus roomies, limitando la posibilidad de contar historias sobre absoluta independencia de los padres. Ella muere repentinamente a mitad de la serie y reaparece después ocasionalmente como fantasma-espíritu-alucinación (because telenovelas). Brevemente se contempla la posibilidad de que Aris y Temo adopten al hermanito menor del primero pero (tal vez afortunadamente) no le dan seguimiento a esto.

Otro personaje que regresa de MMTMF es el papá de Temo, Pancho, un personaje más odioso que Homero Simpson en sus peores épocas. En la recta final de hecho le roba protagonismo a Airstemo y enfrenta directamente a Ubaldo. Carlota y su papá Olegario también son personajes activos dentro de ese conflicto, relegando a Aris y Temo a personajes secundarios en su propia serie.

El melodrama y las situaciones resultan de lo más trilladas, reciclando conflictos genéricos de telenovela sin darle a la pareja gay una historia interesante más que “luchar por estar juntos” aunque, salvo por un balazo, no se siente que haya algo tan peligroso que los pueda separar.

Estas son las sinopsis de un par de capítulos:

“Olegario descubre que Carlota y Ubaldo son amantes; Ubaldo golpea a Soledad tras enterarse de su relación con el profesor Collins.”

“Mateo le dispara a Aris y a Carlota y sus almas se van a un mundo en el que se encontrarán con Andrés; Olegario le cuenta a Elsa el secreto de Carlota.”

Aunque debería serlo, la carrera artística de Aris nunca tuvo gran enfoque en la telenovela, en el capítulo final insertan un fragmento de la obra de teatro de la vida real, pretendiendo darle un cierre a esta historia, aunque carezca de sentido porque Temo canta también y en la telenovela él no tiene pretensiones artísticas.

Esto no es lo que la gente imaginaba cuando se anunció la serie.

Olegario y Ubaldo participan en un enfrentamiento que parece sacado de una historia de narcos. Nora agradece ser aceptada, pero nunca se dice qué es lo que están aceptando ni le dan nombre a B. ¿Tal vez cortaron sus escenas? El product placement nada sutil abunda incluso en el último capítulo. Aris tiene una fantasía donde su papá lo observa mientras besa a Temo, y reaparece su mamá conviviendo con su hermanito. Regresan personajes de MMTMF y se habla sobre cómo la familia es lo más importante, reciclando el tema de la telenovela original.

Muchos fans no estuvieron nada contentos con el desarrolló la serie y mucho menos con el final. Incluso se leían en Twitter burlas de que Carlota era la protagonista y a los chavos gays deberían de hacerles un spin-off.

Infantilización

Otra situación que me llamó mucho la atención es el manejo infantilizado y desexualizado de la relación Aristemo. A pesar de tocar (torpemente) temas como adopción o matrimonio, la parte sexual de la pareja es algo que no se aborda en lo absoluto, salvo un par de excepciones donde “podría” interpretarse que ya hicieron algo. Esto no es algo nuevo de JECNSE, ya que en la telenovela original la pareja aparecía frecuentemente agrupada con los niños pequeños de la familia, impidiendo que sus interacciones fueran más adultas.

Aris y Temo viven una relación donde se declaran su amor constantemente, pero evaden hablar sobre experiencias sexuales. Esto además de ser (debatiblemente) muy cursi, es totalmente irreal. A esa edad y viviendo juntos en una nueva ciudad, dos universitarios que se quieren y son novios experimentando plenamente su sexualidad sería lo más lógico. No estoy diciendo que fuera necesario mostrar escenas sexuales, pero pretender que es algo que no ocurre es francamente querer evadir la realidad. Alguna vez vi telenovelas juveniles de más chico y recuerdo que el sexo era parte importante en la vida de los jóvenes. Pero tal vez estoy pidiendo mucho si mostrar un beso aparentemente es altamente controversial.

Por cosas como estas, la primera serie gay de la televisión abierta acaba siendo una telenovela genérica carente de identidad, que además no supo, o no se atrevió, a cumplir lo que inicialmente prometió: contar una historia auténtica sobre una pareja gay viviendo en CDMX. Estoy casi seguro que hubo censura detrás de cámara que impidió que se tocaran ciertos temas, pero el pésimo guion no tiene excusa. Tal vez a Televisa nunca le importó realmente la calidad del producto y solo quería explotar un fenómeno que no entendió realmente cómo ocurrió en primer lugar.

Últimos pensamientos

No puedo decir que el fenómeno Aristemo fue un desastre. Si nos guiamos por las reacciones en redes sociales, el poder ver una relación gay tratada dignamente (en MMTMF y JECNSE en menor medida) le dio esperanza y ánimo a muchos jóvenes para vivir más abiertamente. Incluso al día de esta publicación, KCA con Aristemo es TT en Twitter, a pesar de que la serie terminó el 26 de julio. Quiero suponer también que la popularidad de la pareja también ayudará a normalizar las relaciones gays y lesbianas en sectores más conservadores del país. A final de cuentas, las telenovelas aparte de reflejar realidades de la sociedad, ayudan transformar el pensamiento colectivo y exponer a la audiencia a situaciones y personas que viven realidades distintas. Después de todo, el premio GLAAD no lo ganaron sin una razón.

Se podría debatir sobre el valor de una obra por su impacto social sobre la calidad del producto en sí. Calificar como buena o mala la representación de Aristemo depende del lente con que se analice. Finalmente el público decide el valor que le da a las cosas y el grado de exigencia que pondrá a lo que consume. Televisa intentó replicar la popularidad de Aristemo en la telenovela Amar a muerte con Juliana y Valentina (Juliantina) pero el éxito no fue el mismo. Lo que los productores deben entender es que el éxito de Aristemo no fue planeado. Su popularidad espontánea denota una verdadera necesidad, la de ver historias diversas contadas de manera digna y honesta.

Aristemo fue un paso hacia adelante (con ganas de dar dos para atrás en el spin-off), pero no debe ser el último. Las personajes LGBT+ no deberían presentarse con estándares distintos a los demás y espero que algún día una pareja de gays o lesbianas en televisión no sean noticia porque se dieron un beso sino por tener una buena historia.

El vampiro de la colonia Roma

Books, LGBT, Review

Este año se celebra el 40 aniversario del lanzamiento de El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata, así que me decidí a leerlo tras haber escuchado y leído muchas cosas buenas sobre él. Y efectivamente, ya entiendo por qué es un clásico y por qué causó tanta controversia en 1979.

Adonis García, un huérfano que tiene que recurrir a la prostitución para sobrevivir, es un protagonista con una voz fresca y original, incluso para estándares de 2019. Lo que lo hace muy interesante de leer es que disfruta su sexualidad plenamente, sin remordimiento o culpa. Aún hoy en día es muy común leer o ver historias donde los personajes gays viven atormentados por sus deseos sexuales, en un melodrama de confusión y autoflagelación. Adonis es un grato respiro a este cliché, revolucionario en su momento incluso. El sexo homosexual en este libro se maneja sin tabúes ni connotaciones inmorales, algo muy disruptivo para su tiempo.

La novela está estructurada en capítulos que corresponden a cintas de audio donde el protagonista se explaya sobre su historia personal y vida diaria. El monólogo de Adonis es ágil, ameno y muchas veces gracioso. De hecho el texto carece de puntuación, logrando un efecto convincente de estar escuchando a una persona real hablando. Tal vez mi única crítica con esto sería el uso de muletillas, algunas veces excesivas y distractoras.

Una trama como tal no existe; lo que se nos presenta en El vampiro es una serie de anécdotas y relatos cotidianos sin un conflicto central que guíe la historia por los puntos narrativos convencionales. Lo que sí se logra es obtener una visión general de la vida homosexual en la Ciudad de México/DF, pre-internet y pre-VIH, así como la actitud general de la sociedad al respecto.

La importancia del sexo y las dificultades que conlleva encontrarlo es un tema siempre presente en la novela. Durante esta época, conocer a otros hombres era un reto que involucraba aprender un lenguaje de comunicación no verbal (miradas, poses y actitudes), conocer y responder a las señales e identificar los puntos de encuentro; todo esto mientras se evade a la autoridad que reprendería estos comportamientos. Sabiendo jugar el juego, Adonis libra todos los obstáculos para acostarse con otros hombres, por trabajo, diversión, convivencia o simplemente para escapar de la realidad.

A pesar de las adversidades que atraviesa constantemente, como quedar huérfano o adquirir infecciones de transmisión sexual, Adonis parece nunca perder su optimismo. La prostitución como forma de ganarse la vida se presenta como una elección, algo incluso disfrutable. Pero Zapata no idealiza este estilo de vida; las ganas de vivir libremente y sin dirección cobran factura en la salud de Adonis, quien cae en el alcoholismo y la depresión al enfrentarse la incertidumbre de su futuro. En las últimas cintas se revela el tremendo sufrimiento por el que atraviesa, incluso temiendo por su vida si sigue así.

El final queda abierto, sin una respuesta sobre qué hará nuestro protagonista más adelante en su vida cuando ya no pueda vender su cuerpo. Es un sobreviviente en el paisaje urbano del México conservador del 79, una pieza de un rompecabezas más grande. Afortunadamente, aunque la vida no le favorezca y habite al margen de la sociedad, Adonis nunca se presenta como una figura trágica (ni aspiracional). Simplemente es un hombre siguiendo sus impulsos y sus propias reglas, afrontando las consecuencias de salirse del prototipo del hombre tradicional mexicano.

En 2019, leer El vampiro es asomarse a una ventana al pasado, donde podemos comprobar cuánto hemos avanzado en materia de visibilidad, aceptación y derechos. Los cambios sociales han brindado a la comunidad LGBT+ más apertura para vivir su vida abiertamente, ya no excluidos de la sociedad sino como parte integral de ella. Salir del clóset ya no es algo impensable y conocer a otras personas gays ya no es el reto que era anteriormente. ¿Cómo sería la vida de Adonis si hubiera crecido en esta época? Tal vez más feliz…

Sailor Moon y la inclusión y diversidad en programas infantiles

Anime, LGBT

Como muchos niños creciendo en los 90’s, yo era un ávido consumidor de televisión, especialmente de caricaturas. Era súper fan de las Tortugas Ninja, Tiny Toons, Garfield y sus amigos, entre otros. Pedía a mis papás que me compraran juguetes, peluches, videojuegos e incluso piñatas de mis personajes favoritos.

También veía algunos anime cuando todavía no se utilizaba el término aquí. Notaba una diferencia en sensibilidades y tipos de historias que se contaban, con arcos narrativos más grandes y personajes más complejos comparados con la animación tradicional estadounidense. Los Caballeros del Zodiaco, en especial, me fascinaban. Todos los sábados estaba pegado a la pantalla esperando el siguiente capítulo de mi telenovela sangrienta. Cuando jugaba con mis primos, yo imaginaba que era Hyoga con sus poderes de hielo y armadura de cisne.

Shun reviviendo a un Hyoga congelado utilizando su calor corporal. Esta escena provoca reacciones homofóbicas en algunas personas.

Nadie quería ser Shun, el más afeminado y andrógino del grupo, con su armadura rosa y poderes mayormente de protección. Incluso hoy en día hay cierto desprecio hacia este personaje, siendo objeto de ridiculización en memes, al igual que Afrodita (otro personaje afeminado). Lo curioso es que dentro de la serie estos personajes nunca fueron objeta de burla por su manera de ser, la homofobia se presentaba fuera del televisor.

Sailor Moon llega a México

La “Disney” de Oriente, periodismo de primera

En 1996, se estrenó Sailor Moon en el programa sabatino infantil “Caritele” de TV Azteca. Después del icónico y surreal opening, quedé inmediatamente fascinado… y algo confundido de que me gustara tanto. El programa se presentaba como una serie dirigida al público infantil femenino. Su protagonista Serena (usaré los nombres y términos del doblaje latino) no encajaba en el molde tradicional de súper héroe. Era una niña llorona que le iba mal en la escuela y prefería jugar videojuegos y leer manga; pero eso sí, su empatía y cariño por las demás eran su gran virtud y al transformarse en Sailor Moon se convertía en la líder del grupo.

A pesar de que no iba intencionalmente dirigido hacia mí, no podía quitar mis ojos de la pantalla. Lo novedoso del programa (para estándares de los 90’s) era que las protagonistas eran todas mujeres, cada una con una personalidad claramente definida, poderes únicos y color característico. Particularmente me sentía identificado con Amy, una “nerd” preocupada por estudiar y obtener buenos resultados en la escuela. Era tímida y retraída, pero poseía un gran intelecto que era de gran ayuda para el grupo.

En mi primaria los niños no hablaban de Sailor Moon con el mismo entusiasmo que otras caricaturas. Algunos afirmaban que solo lo veían por las transformaciones donde presentaban sus siluetas desnudas. A mí también me fascinaban e hipnotizaban las transformaciones pero por otras razones: por el dinamismo de la animación, los colores, la música, los trajes, las poses. Como no quería ir en contra del pensamiento colectivo mejor afirmaba que veía la serie solo para ver “viejas encueradas”.

Sailor Moon fue un fenómeno mundial. Las niñas (y algunos niños) disfrutaban de una serie donde ellas también podían ser superhéroes y participar en historias donde no tenían que ser salvadas. La feminidad nunca era un obstáculo, al contrario, las Sailor Scouts asumían plenamente su feminidad sin intentar actuar como los héroes tradicionalmente masculinos. Precisamente esto último era lo que más resonaba conmigo, podías ser heróico y seguir siendo tú mismo, sin tener que fingir ser un macho. En su momento no podía verbalizar este pensamiento, así que seguía viendo el anime sin compartir mi gusto por él con nadie, por temor a ser ridiculizado. Yo mismo me limité en expresar mi gusto por la serie y a esa edad no tuve ninguna figura u otro tipo de merchandise que evidenciara mi fascinación con ella.

La primera temporada sufrió algunos cambios en su adaptación al doblaje latino. El guion tomó como referencia el doblaje estadounidense, el cual cambio algunos nombres de personajes o conceptos para hacerlo más accesible al público occidental. También borró la primera pareja homosexual de la serie. En japonés, los villanos Zoisite y Malachite eran dos hombres en una relación amorosa. En México, Zoisite fue doblado y mencionado como mujer y por ende estaba en una relación heterosexual. Probablemente nadie supo ni le importó este cambio, pues finalmente no afectaba en nada al entendimiento de la trama.

Sailor Scouts lesbianas

Power couple

La tercera temporada introdujo a los primeros personajes LGBT+ oficiales en el doblaje latino (tras la decisión de ya no seguir los cambios del guion gringo). Haruka y Michiru, Sailor Uranus y Neptune respectivamente, eran las nuevas Sailor Scouts, más maduras, mucho más poderosas, con un increíble tema musical y también eran lesbianas.

La primera interacción de Haruka con las demás chicas causa una gran confusión en el grupo de amigas. Haruka tenía una predilección por usar ropa masculina (incluso su uniforme escolar era el que usaban los hombres), su voz era grave, gustaba del motociclismo y los autos deportivos y se le veía comúnmente coqueteando con mujeres. Serena y Mina se sienten inicialmente atraídas por ella, pensando que es un chico guapo. Eventualmente descubren la verdad y quedan decepcionadas, aunque en episodios subsecuentes algunos personajes siguen remarcando que Haruka es muy guapa.

Michiru se presenta como una joven violinista profesional sofisticada, educada, reservada, muy inteligente y también muy femenina. Su relación con Sailor Uranus no se menciona explícitamente con la palabra “lesbianas”, sin embargo todos los personajes entienden que se aman la una a la otra. Nadie las juzga por ello, ni hacen burla de la masculinidad de Haruka. Al contrario, son respetadas y admiradas.

El anime, aun en su versión original, no muestra un beso entre la pareja o alguna mención explícita de su relación lésbica. Esto probablemente se deba a que Japón no es realmente muy gay-friendly y prefirieron autocensurarse en este aspecto. Sin embargo, momentos de ternura e intimidad entre ellas dejan claro el mensaje.

Así fue como en 1998, a mis 11 años, estuve expuesto a la primera pareja homosexual en una caricatura. Recuerdo sentirme muy intrigado por el concepto de dos mujeres que podían ser pareja y también heróicas y respetadas; donde su sexualidad o expresión de género no era motivo de exclusión. Al principio trabajaban en solitario por decisión propia, pues creían que eran las únicas responsables de salvar al mundo y que nadie entendería su misión, mas eventualmente se unieron al grupo de Sailor Moon y entre todas salvaron el día al final de la temporada.

Para la última temporada la pareja incluso forma una familia adoptando a Hotaru, una niña que es la reencarnación de Sailor Saturn. Además de Haruka y Michiru, Setsuna (Sailor Pluto) también participa como una tercera mamá.

Una familia diversa

Personalmente no recuerdo ningún tipo de controversia al respecto, tal vez porque había menos gente viéndola o simplemente porque los padres de familia o los medios no prestaban atención por ser algo para niñas. Y aún así yo sentía que ya no debñia de ver la serie. Estaba entrando en la pubertad y aceptar que veía una serie para niñas podría haber sido suicidio social. Yo ya era muy antisocial y no quería bajar más mi nula popularidad. Así que ver Sailor Moon se convirtió en un acto a puerta cerrada.

Sailor Scouts trans

Más diversidad

La quinta y última temporada de Sailor Moon trajo consigo un trío de personajes fuera de lo común para una serie infantil, las Sailor Starlights. Estados Unidos ni siquiera dobló esta temporada por no saber cómo manejarlas. Inicialmente se presentan como Seiya, Taiki y Yaten, unos chicos que conforman un grupo musical llamado Three Lights. Para combatir a los villanos, revelan su verdadera identidad como las Sailor Starlights, sus alter egos del sexo puesto. Sus secuencias de transformación mostraban cómo literalmente sus cuerpos masculinos se transformaban en femeninos. Al igual que Sailor Uranus y Neptune, las nuevas Sailor Scouts eran muy poderosas, inicialmente aisladas pero aún así heróicas y con un muy buen tema musical para rematar.

Aunque la dinámica entre las Sailor Scouts y las Starlights parece un refrito, hay una diferencia clave: Seiya, o Sailor Star Fighter, tiene una relación de amor no correspondido con Serena. Pero esta última no lo rechaza por su verdadera identidad, sino porque ya tiene novio. Y es aquí donde de nuevo se la expresión (y transición) de género no repercute en lo que un personaje siente por el otro, simplemente es una característica más de la persona.

En la serie, Serena y sus amigas no tienen problema con la fluidez de género, de hecho esto nunca se presenta como un conflicto u obstáculo dentro de la trama. Reconozco que en un principio me parecían muy bizarras las Sailor Starlights, pero no lo asocié con algo malo, sino como algo desconocido para mí. No tardé en agarrarle el gusto a estos personajes, que tanto como hombres o como mujeres, siempre se mostraban segurxs de sí mismxs y pateaban muchos traseros.

Para este entonces la popularidad de Sailor Moon ya no era la misma que en un principio, y por lo mismo no recuerdo que fuera un tema de conversación en mi escuela. Ya había nuevas series japonesas que la gente seguía, como Dragon Ball Z y Ranma ½ (que curiosamente también involucraba cambios de sexo y llegó a ser tan popular que salía en los tazos de las papitas).

El tiempo ha demostrado que el legado de Sailor Moon es innegable, tanto así que es parte de la publicidad oficial de las olimpiadas Japón 2020. Tuvo un remake hace algunos años y la serie original fue retransmitida recientemente en televisión abierta (aunque lamentablemente ahora sí con censura). Mucha gente alrededor del mundo recuerda Sailor Mooncon gran nostalgia, especialmente la comunidad LGBT+, pues para muchos fue uno de los primeros acercamientos a la diversidad sexual y de género. La diversidad era parte de este mundo ficticio y los personajes LGBT+ participaban activamente tanto como héroes o villanos.

Sailor Moon ya es parte importante de la cultura popular

Hoy en día aún hay gente que le molesta la presencia de personajes gays, lesbianas o trans en los programas dirigidos al público infantil, pero yo agradezco que existan. Necesitamos trabajar en la verdadera inclusión de todas las personas en nuestra sociedad y los medios como el cine o la televisión son una gran herramienta para este fin. Sailor Moon con su doblaje latino lo pudo hacer hace más de 20 años, de manera orgánica y sin parecer un panfleto informativo. El público infantil merece programas de calidad que reflejen la realidad que vivimos.

Para mí Sailor Moon fue algo muy personal, era un secreto que disfrutaba pero no quería compartir por mis propios prejuicios. Como hombre gay me dio otros referentes de superhéroes y me hizo sentir parte de algo. Las personas LGBT+ podían ser buenos o malos, héroes y villanos; al final del día también eran personas con sueños y aspiraciones, dignas de ser amadas y respetadas. Además reforzó una idea muy importante en mí, por separado no puedes derrotar el mal, pero unidos, apoyándonos mutuamente y respetando las diferencias de los demás sí podemos salvar al mundo, con todo y traje de marinera.

Debate sobre ideología de género

LGBT, Monterrey

El pasado 22 de mayo fui invitado a un programa llamado Los Columnistas, de ABC Radio en Monterrey. El tema de la discusión era la ideología de género y su relación con la educación de los niños.

Debo hablar un poco del contexto para que esto haya pasado.

Los temas de sexualidad humana siempre han sido de mi interés y comúnmente leo al respecto, ya sea libros, artículos o reportajes. Me considero una persona mayormente informada y capaz de dar opiniones fundamentadas en estos temas.

Días antes del programa, uno de los participantes del programa compartió imágenes y comentarios en Facebook que me parecieron ofensivos y sobre todo que promovían la desinformación. Se lo hice saber directamente y me ofreció un espacio en el programa para hablar concretamente sobre la (mal llamada) ideología de género. Sin preguntar mucho, acepté.

El martes 21, despierto y veo que han compartido la siguiente imagen:

Columnistas_Debate_Fb_post

Imagen utilizada en Facebook para anunciar el programa. Yo no fui consultado para el nombre que le dieron, el cual considero fue inapropiado.

Me sorprendieron dos cosas. Primero, el título, el cual me pareció muy sensacionalista. Yo no estaba enterado que en días anteriores se había llevado a cabo un Drag Queen Story Hour (lectura de cuentos para niños por drag queens) en instalaciones cercanas al Tec de Monterrey, menos que había sido una controversia. Parecía entonces que querían enfocar el debate en el evento.

Lo segundo que me sorprendió fue la participación del diputado Carlos Leal. A este personaje lo conocía de redes sociales por sus posturas fuertemente en contra de los derechos LGBT+ y los derechos reproductivos de la mujer. Tenía una idea muy negativa sobre su persona y me puso muy nervioso el tener que discutir con él.

Afortunadamente, me contactaron varias personas para darme apoyo y también fui con la asociación El Clóset LGBT, A.C., quienes también me ayudaron con mis argumentos y me compartieron información que me podría ayudar en el debate.

El debate se llevó a cabo de manera muy respetuosa y civilizada, un alivio después de ir preparado para lo peor. Debo reconocer que los panelistas del programa (salvo el diputado) se mostraron en entera disposición de escuchar mi punto de vista y jamás me limitaron en lo que podía decir.

Al siguiente día compartí la siguiente reflexión en mi Facebook.

Mi reflexión sobre el debate del día de ayer es que hay mucha desinformación. Lo primero que habría que hacer antes de discutir sobre estos temas es entender conceptos básicos de sexualidad e identidad de género y, ya asimilado el conocimiento, ahora sí hablar responsablemente. Creo que la conversación se vio entorpecida muchas veces por no tener esas cosas claras.

Hablando del diputado Carlos Leal, me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que es una persona extremadamente prejuiciosa debido a su ignorancia en temas de sexualidad humana, y lo peor de todo es que no tiene la voluntad de aprender y mejorar. Terminando el programa, ya fuera del aire, le preguntaron qué haría si uno de sus hijos fuera gay, a lo cual respondió: “Yo estoy seguro que mi hijo no va a ser gay porque ha recibido la mejor educación”. En su mente, la orientación sexual es algo que los padres pueden ayudar a moldear (totalmente falso). Y sobre el tema trans le falta mucho por aprender. Él ni siquiera cree que es una condición real, sino algo impuesto o inventado por la “ideología de género”.

El tema es amplio, el tiempo era poco, pero si algo positivo se puede sacar de todo esto es reconocer que necesitamos estar mejor informados. Recalqué mucho lo de hablar directamente con las personas porque sé que a mucha gente le da hueva leer, pero iniciar una conversación y escuchar atentamente es algo que todos podemos hacer fácilmente.

Cuando hablemos de qué es lo que deben o no aprender los niños, tenemos que escuchar a la gente experta en la materia (psicólogos, sexólogos, etc.) y no a personas cuya información viene de teorías de conspiración. Si escuchan a alguien utilizar el término “ideología de género” para justificar alguna idea, es seguro que está desinformado.

Ahora a casi una semana del evento, me siento agradecido por la oportunidad de contribuir a la causa de la comunidad LGBT+ en mi ciudad, aunque sea de manera pequeña. También me siento optimista porque me di cuenta que sí se puede llegar a un punto en común de entendimiento con quienes piensan diferente a nosotros, sobre todo si somos firmes en nuestras convicciones, pero también respetuosos y asertivos.

Aquí está el video completo del debate.

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