Cine y TV en cuarentena 2020 (Parte 5)

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Athlete A (2020)

Ahh los atletas olímpicos, tal vez el mainstream solo los toma en cuenta cada cuatro años, pero por un corto tiempo los admiramos y nos asombramos de su talento, disciplina y fuerza excepcional… y resulta que también pueden ser víctima de abuso sexual y psicológico sistemático. Este documental de Netflix presenta el caso del United States Olympic Committee, que por más de veinte años permitió y encubrió al doctor Larry Nassar y sus prácticas deplorables hacia gimnastas menores de edad.

Además de explorar el daño psicológico que sufrieron las chicas, Athlete A nos hace preguntarnos qué tan ético es hacer pasar a los niños por entrenamientos tan duros con tal de obtener el primer lugar en algo. La búsqueda del poder y competencia extrema permiten el abuso como herramienta y las cosas pueden fácilmente escalar a situaciones como la que vemos aquí. Al menos al final hay cierta resolución satisfactoria, pero el daño ya está hecho.

¿Vale la pena? Sí, si quieres frustrarte conociendo la verdad sobre otra institución que abusa de menores.

Mignonnes(2020)

Probablemente esta sea la película más controversial del año debido a la exageradísima reacción en contra por parte de grupos conservadores en Estados Unidos, particularmente el Partido Republicano y sus aliados. Ya escribí mi opinión sobre la polémica y los temas de la película, pero resumidamente podemos decir que se trata de otro intento más de gente cristiana queriendo crear pánico social y evadir hablar críticamente sobre la sexualidad y problemas estructurales de la sociedad que afectan a las infancias, porque “qué flojera” básicamente.

Mignonnes/Cuties es una película coming of age modesta interesada en retratar un realismo social en vez de melodrama. El conflicto principal es mayormente interno/psicológico y la directora se vale del simbolismo visual para retratar el estado mental y emocional de la protagonista Amy.

La película está bien lograda en todos los sentidos, pero mayor fortaleza es la osada crítica social que presenta. El final algo abrupto y no resuelve todos los cabos sueltos por completo, casi como si quisiera que pensaras sobre los temas y realizaras un ejercicio crítico sobre lo que acabas de ver.

¿Vale la pena? Sí. La crítica social es muy efectiva y necesaria en estos tiempos. Pero si crees que algunas tomas de niñas twerkeando o expresando curiosidad sexual natural acorde a su edad es equivalente a pornografía infantil, esto no es para ti.

Relic (2020)

Una madre e hija deben ir a casa de la abuela cuando esta última ha desaparecido durante un episodio de demencia. Cuando la anciana regresa, la familia siente que algo no está bien y poco a poco una oscura presencia tomará el control del entorno. Lo que sigue es un intenso viaje emocional de una familia lidiando con una enfermedad degenerativa. Si has pasado por una situación similar, esta película pega muy duro.

Aunque el aspecto sobrenatural es muy ambiguo, el suspenso y la ambientación sí están muy bien logradas. El tercer parece una sucesor espiritual del terror psicológico de Silent Hill, con un final que es de alguna manera tan perturbador como conmovedor. Relic funciona a nivel temático-metafórico porque captura perfectamente lo emocionalmente complicado y agotador que es lidiar con la muerte inminente de un ser querido. Lo más inquietante es que tarde o temprano todos pasaremos (algunos más de una vez) por algo así en algún momento de nuestras vidas…

¿Vale la pena? Sí, si buscas algo perturbador más que de terror.

Rewind (2020)

Existe una creencia arraigada en nuestra sociedad que por default las familias son el único espacio completamente seguro para los niños. Este documental autobiográfico de Sasha Joseph Neulinger es sumamente poderoso porque desafía esta idea y nos hace repensarla. A partir de videos caseros familiares, Sasha reconstruye la dolorosa historia del abuso sexual que sufrió durante su infancia por parte de varios miembros de su propia familia.

Rewind expone cómo los depredadores sexuales existen y transitan dentro del círculo familiar aprovechándose de la confianza automática e incuestionable que adjudicamos a nuestros familiares. También revela cómo el abuso se puede convertir en un fenómeno generacional, que al no ser atendido adecuadamente puede heredarse el daño a una nueva generación. Los detalles son extremadamente escabrosos y difíciles de escuchar, pero sin ellos no podríamos comprender el gran daño que ha sufrido la familia. La fortaleza del director para hablar sobre su propia experiencia de manera tan honesta y abierta es sumamente admirable.

¿Vale la pena? Sí, porque la realidad del abuso sexual infantil es muy, muy preocupante y tenemos que romper el tabú y hablar al respecto. Urge que esta conversación ocurra más ampliamente para poder proteger a las nuevas generaciones.

Spree (2020)

Spree es una sátira de humor negro sobre la cultura de los influencers y la búsqueda de identidad y validación personal a través de las redes sociales. Es un análisis cínico que lleva su premisa hasta el extremo: ¿hasta dónde llegarían los “jóvenes de ahora” por obtener fama?. El formato visual se compone principalmente de fragmentos de videos de celular, estilo found footage, con todo y comentarios en vivo del streaming. Hace diez años esta película sería casi incomprensible y eso la hace extremadamente novedosa .

Joe Keery (conocido por Stranger Things) es totalmente creíble como un patético joven que se propone ser lo más nefasto y violento posible para ser popular en internet. Es enternecedor en un principio hasta que los cuerpos comienzan a apilarse, pero nunca deja de ser ridículamente divertido el viaje.

¿Vale la pena? Sí, si quieres ver algo gracioso y over the top.

Sputnik (2020)

En 1983 la Unión Soviética esconde gran secreto: un extraterrestre ha llegado a la Tierra dentro de uno de los astronautas de una misión espacial. La doctora Tatyana Klimova es reclutada para ayudar a encontrar la manera de controlar a la extraña creatura y su huésped. Esta original premisa ubicada en un contexto que no vemos comunmente en el cine suena muy prometedora, pero al final del día no alcanza su mayor potencial.

La mayor falla de la producción es que simplemente es muy aburrida, las actuaciones son muy monótonas (todos tienen expresión de flojera) y eso dificulta conectar con los personajes. La creatura del espacio como parásito simbiótico (un mini Venom pero sin personalidad) es novedosa pero su destino es muy anticlimático. Al final todo era simbolismo para hablar sobre lo que significa ser un héroe y cuestiones de poder durante la Guerra Fría, pero como estaba tan aburrido no quise dedicarle neuronas a pensarlo más a fondo. En las últimas escenas hay un plot twist que no aporta nada a la trama. Whatever.

¿Vale la pena? Meh. Tal vez solamente si quieres ver un thriller de ciencia ficción en otro contexto que no sea Estados Unidos.

Tell No One (2019)

A estas alturas, con tantas noticias, reportajes, documentales, investigaciones y testimonios; quien no reconozca que la Iglesia católica es una institución corrupta y criminal se está engañando a sí mismo.

Tell No One presenta el caso de Polonia, uno de los países más fervientemente católicos que existen hoy en día, donde como en tantos otros países las víctimas de abuso sexual clerical denuncian, la Iglesia finge que tomará acción y luego nada pasa; el criminal es trasladado a otra parroquia donde seguirá teniendo contacto con menores de edad.

Las imágenes y testimonios hablan por sí mismos. Lamentable, y más lamentable la gente que hace oídos sordos ante el problema.

¿Vale la pena? Tristemente sí. Mientras siga existiendo el cagadero de abuso sexual y su encubrimiento por parte de la Iglesia católica, no podemos olvidar que existe y que ha dejado incontable rastro de víctimas (en todo el mundo) temerosas de hablar. Se puede ver gratuita-y-legalmente con subtítulos en Youtube.

The Rental (2020)

Si The Rental tuviera un subtítulo ridículo sería: “El Airbnb de la muerte”. Dos parejas de jóvenes adultos rentan una casa de playa para pasar el fin de semana y como sabemos que esta es una película de terror, las cosas terminan sangrientamente mal.

La primera mitad puede resultar un poco lenta ya que no hay nada explícitamente de miedo. El director Dave Franco se toma su tiempo para pacientemente sembrar los conflictos y secretos que guardan los personajes. Una vez que la verdad va a sale a la luz, las relaciones están tan fracturadas que están condenados a fallar en su intento por salvarse del asesino que los acecha. No suelo brincar de mi asiento pero esto ocurrió una vez mientras veía The Rental.

La revelación de la identidad del asesino no es satisfactoria, pero al menos juega un poco con la ansiedad que provoca usar servicios como Airbnb, donde no hay verdaderos protocolos de seguridad y privacidad; el precio a pagar por alojamiento más barato.

¿Vale la pena? Sí, está decente. Es un slow burn pero el acto final hace que valga la pena toda la tensión acumulada.

Yes, God, Yes (2019)

Personalmente nunca me tocó ir a un retiro espiritual religioso, pero por historias que he escuchado son extremadamente similares al que Yes, God, Yes presenta; entonces me siento afortunado de no haber pasado por eso. Natalia Dyer (otra alumna de Stranger Things) interpreta a Alice, una adolescente criada en un ambiente católico estricto que comienza su despertar sexual en medio de dudas, confusión, prejuicios y una evidente falta de información. Durante un retiro de fin de semana aprenderá más sobre ella misma y sobre la hipocresía de la gente mojigata.

La película está ambientada a principios de los 2000 y cualquiera que haya sido puberto o adolescente en aquellos años se identificará con las escenas de Alice descubriendo el lado “oculto” del internet. Hasta las personas más conservadoras tienen deseos sexuales, ¿quién lo iba a pensar?

¿Vale la pena? Sí, es una comedia ligera sin grandes pretensiones.

You Don’t nomi (2019)

Showgirls de 1995 es catalogada por algunos como la peor película de todos los tiempos y alabada por otros como una obra maestra del camp. Tras el fracaso en crítica y taquilla, la película con el paso del tiempo se convirtió en un cult classic, sobre todo en la gay culture de Estados Unidos. Este documental explora este fenómeno y su evolución.

You Don’t Nomi nos ayuda a entender el contexto que propició la creación de Showgirls, principalmente la personalidad y obra del director Paul Verhoeven, quien para ese entonces ya se conocía por ser un provocador. ¿Su obra es extremadamente misógina o empoderadora (o ambas)? ¿Se trata de un espectáculo gratuito o una feroz crítica social (o ambas)? ¿Elizabeth Berkley fue una víctima? ¿A los hombres heterosexuales les prenden las mujeres que se mueven como si estuvieran convulsionando? Estas son algunas de las preguntas que plantea el documental y para las cuales no hay una sola respuesta, pero es entretenido al menos intentar responderlas.

¿Vale la pena? Sí, pero solamente si has visto y te ha gustado Showgirls. Si la odias con pasión este documental no te hará cambiar opinión.

La controversia de Cuties: un tema complicado que no debe ser censurado

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Hablar sobre la película Mignonnes, mejor conocida como Cuties en inglés o Guapis en español, es complicado por la gran controversia y polarización que ha surgido a su alrededor, la cual dificulta una discusión crítica sobre los temas que presenta. Esta obra de Maïmouna Doucouré narra la historia de una pre-adolescente de once años llamada Amy, hija de inmigrantes senegaleses en Francia, que debido a su soledad y opresiva crianza musulmana hará todo lo posible por encajar en un grupo de niñas bailarinas urbanas, cuyas rutinas cargadas de connotaciones sexuales no son del todo apropiadas para su edad.

En México, las alarmantes estadísticas de abuso sexual infantil y embarazos adolescentes ponen en evidencia un problema social que no se ha podido atender adecuadamente. La intención de Cuties, dirigida específicamente a un público maduro, es precisamente hablar sobre cómo el fácil acceso a material audiovisual para adultos y las redes sociales contribuyen a la sexualidad distorsionada de los pre-adolescentes y adolescentes. Las escenas donde las menores actúan de manera sexualizada no son una glorificación del acto, sino un evento incómodo y a veces perturbador, tal y como lo es en el mundo real.

Es imposible ver la película y creer que es una apología de la pedofilia, ya que el guion y el lenguaje audiovisual son explícitos en cuanto a su reprobación de estos actos (la presentación final incluso muestra a un público que desaprueba el espectáculo); sin embargo tampoco romantiza las difíciles infancias de las personas desfavorecidas y marginadas. Amy y sus amigas puede ser inocentes por instantes y vulgares y agresivas en otros, como cualquier niña a esa edad dentro de ese contexto sociocultural.

Es válido cuestionarse si los encuadres y los movimientos sugestivos de los bailes son apropiados para presentarse en pantalla, o si las actrices infantiles resultaron “dañadas” psicológicamente. Preguntarse hasta donde la libertad creativa permite la presunta explotación infantil en el cine es una discusión que existe desde hace décadas. Algunas películas aclamadas por la crítica como Taxi Driver, con Jodie Foster como una prostituta infantil; o Léon: The Professional, con Natalie Portman en una problemática relación con tintes pedófilos con un asesino a sueldo; presentan a menores de edad en papeles que podrían considerarse inapropiados para su edad y en su momento causaron también controversia. Curiosamente las obras que muestran violencia ejercida por niños como Lord of the Flies o Hunger Games no suscitan el mismo nivel de indignación.

Jodie Foster (de 12 años) disfrutando su papel en Taxi Driver

No hay una respuesta contundente sobre los límites de los actores infantiles, ya que dependen de las leyes sobre el trabajo infantil del momento, la ética profesional de los involucrados y la manera en que se filman las escenas, algo que difícilmente podemos saber sin haber estado ahí o a través de un detrás de cámaras.

Quien haya visto cine europeo sabe que este tiende a ser más abierto en cuanto a temas de sexualidad comparado con las producciones de Hollywood. En el caso de Cuties, de acuerdo a declaraciones de Doucouré las niñas fueron acompañadas por un psicólogo durante la grabación y la misma directora se encargó de hablar claramente con las niñas sobre la intención de las escenas y generar un ambiente de confianza con las niñas. No hay desnudez ni escenas sexuales por parte de las niñas, como algunos medios engañosos quieren hacer creer. El contenido “controversial” es algo que se puede encontrar fácilmente en Youtube, la televisión abierta o incluso en las calles; por lo tanto es muy ingenuo afirmar que Cuties es “carnada de pedófilos”, aunque el póster inicial de Netflix sí daba esa impresión.

Podemos deducir que la extrema reacción negativa que ha tenido esta producción se debe a varias razones. La tradición cristiana que prevalece en muchos sectores conservadores propaga la idea de que los niños son criaturas asexuadas, lo cual la psicología ha desmentido ya. Actualmente existe en todo el mundo una campaña escandalizadora en contra de la “ideología de género” y Cuties es el chivo expiatorio perfecto para crear pánico social e infundir miedo (infundado) sobre la supuesta normalización de la pedofilia que buscan los movimientos progresistas feministas y LGBT+.

“This is not normal: 11 year-old girls sexualized” (conservadores llegando inesperadamente al punto)

Sí, es verdad que la sexualización infantil en los medios existe, pero las causas son múltiples e incluyen: el machismo de nuestra sociedad que alienta a los hombres juzgar a las mujeres por su atractivo sexual; la falta de espacio para voces y modelos a seguir femeninos los medios; la comodificación de los cuerpos de las mujeres para consumo masivo en la publicidad; la falta de educación sexual integral por parte de padres e instituciones educativas; los marcados estereotipos de género impuestos por la sociedad y reforzados por la religión; la misoginia inherente de las doctrinas religiosas abrahámicas; los estándares de belleza imposibles para niñas y mujeres; la falta de comunicación entre padres e hijos a causa del distanciamiento por cuestiones económico-laborales; etc. Muchas de estos temas aparecen en la película francesa y contribuyen a unir las piezas del rompecabezas que nos ayudan a entender integralmente este complejo tema.

Doucouré explica que hay tres fuerzas que influyen y forjan la personalidad en crecimiento de Amy: la cultura del internet, la cultura francesa-occidental y el islam. El aspecto religioso es uno que no ha sido discutido tan ampliamente hasta ahora. Tal parece que obligar a una niña a cumplir con el rol que le asigna su religión opresiva no causa el mismo rechazo que una niña “twerkeando”. Es verdad que una niña no debería estar actuando sexualmente sugerente hacia los adultos, pero tampoco debería ser obligada resistir los golpes de la vida pasivamente, como cuando funge como madre sustituta para sus hermanos. Podríamos llamar a la falta de atención a este y otros aspectos como indignación selectiva.

Cuties no es la causante de la pedofilia que existe en el mundo, sino un espejo que nos quiere obligar a confrontar cómo las mismas niñas pueden ponerse en una situación comprometedora y peligrosa cuando no tienen una supervisión adulta responsable y son influenciadas negativamente por su entorno y el material inapropiado que tienen a su alcance. Los grupos de ultraderecha tienen en sus manos un chivo expiatorio que usan para su beneficio con el fin de evitar hablar de las verdaderas causas de la sexualización y abuso infantil.

¡Oh no! ¿Cómo pudo Cuties provocar esto?

Gracias en parte al movimiento social que comenzó con el #MeToo, muchos abusadores ya han sido identificados, pero lamentablemente son protegidos por el poder que poseen. Son políticos, empresarios, cineastas, sacerdotes y líderes religiosos, profesores y demás personajes (incluyendo miembros de la misma familia) que abusan de su poder para actuar por encima de la ley y dañar a las infancias. Estos abusadores reales son quienes deberían recibir el rechazo social mal dirigido hacia una obra de ficción.

El miedo a hablar sobre la sexualidad también es otro factor clave en todo esto. No podemos permitir que se limite el acceso a la educación sexual para niños por los prejuicios religiosos de algunos. Los menores de edad que cuenten con un vocabulario y conocimiento de su cuerpo y el consentimiento podrán detectar y defenderse más fácilmente cuando alguien intente sobrepasarse con ellos.

Cuties es incómoda y perturbadora, pero también íntima y honesta. A través de la historia de una niña con los mismos defectos que cualquier puberto—todos hicimos muchas tonterías a esa edad —, Doucouré expone de manera osada y honesta problemáticas sociales que merecen nuestra atención. Como una buena obra de arte, invita a la reflexión. Querer “cancelarla” solo impide una saludable y urgente discusión.